sábado, 15 de diciembre de 2012

DORITA Y SU COPILOTO

¡¡LA DECISIÓN DE DORITA!!
     En mi familia, como en tantas otras, se tienen y quieren a los animalitos domésticos. Como yo no los tengo  en mi casa, me encanta verlos cuando voy a las de mis hermanas, Dorita  o Norma, y  sus mascotas me reciben moviendo la colita. Bruno Elías, por ejemplo, me sigue por todas partes, yace en mi regazo o a mis pies, y es tanto el apego  que nos tenemos, que mi hermana me ha dado al perrito por "ahijado". Y sin pila bautismal alguna han recibido nombres del calendario católico como José, Filippo Antonio, y como antes mencioné, Bruno Elías.
 Allí nunca han faltado tampoco  loros, pericos, morrocoyes,  y aunque parezca extraño, alguna que otra culebra. Sí, una vez una mapanare pequeña, tal vez atraída  por la hospitalidad de sus dueños, se enrolló -para pánico de todos en casa- en el farol del porche, sintiéndose como en su propia casa. 
     Algunos de los canes han dejado huella en la familia, incluyendo dos perritas de mi Mamá,  que ahora duermen su sueño eterno en un rincón del lindo jardín de la casa de Dorita. 
      Norma, mi otra hermana, tiene por su parte una perrita llamada Wendy, y siempre  me comenta que recibe la visita de muchos pajaritos que se meten por la puerta de la cocina a comer el plato de arroz servido por ella. El único día  que no van - ¡Cosa extraña! - es el domingo. ¿Será, porque al igual que los humanos, ellos también descansan?
      Y el amor que Dorita les tiene los animales domésticos, heredado por sus tres nietas, viene a colación en esta crónica, por lo que ella me contó que le había sucedido esta mañana y que creo vale la pena compartir.
       Como ella tenía cita con el dentista, se dirigió en su caro al consultorio que está situado al otro extremo de la ciudad, en El Marqués, por lo que tomó la Autopista del Este. Había iniciado ya su recorrido, cuando  ella sintió con extrañeza que no estaba sola, que alguien la observaba, pero sin prestarle atención a esta sensación, continuó manejando. Como ésta persistiera, dio un vistazo a su alrededor y se fijó que en el tablero de mando, en la cónsola, estaba cómodamente instalada una hermosa rana que  la miraba fijamente. Mi hermana pensó que, con seguridad se había metido al carro -desde el jardín de su casa- al abrir la puerta  o  al dejar la ventana abierta. En vista de que no podía sacarla, continuó guiando inquieta, en medio del terrible tráfico. Pensaba, mientras tanto en la manera cómo evitaría que la rana le saltara encima. De pronto, tal como había pensado, el batracio brincó, pero en sentido contrario, desde la cónsola hacia la guantera. 
¡QUIERO SALIR A PASEAR!
 Acto seguido  temió que la rana, que según ella misma afirma, quería ser su copiloto, llevada por la emoción del viaje esta vez olvidara su misión, y provocara un accidente. Dorita continuó su viaje bastante atemorizada, pero decidió impedir cualquier  otro “salto de rana”, tirándole encima, con gran cuidado para no hacerle daño, una pasmina que llevaba con ella. Efectivamente el chal cubrió al animalito por un momento, pero al rato, la rana asomó la nariz preguntándose quizás, por qué la arropaban si no hacía frío. Mi asustada hermana tomó de nuevo la tela por una punta y la tiró para volver a tapar al batracio.  
¡Y YO QUE DESEABA SER COPILOTO DE IDA Y VUELTA!
Esta vez transcurrió un lapso mayor, sin embargo aún quedaba un buen trecho de autopista, así que el peligro persistía. Por esta razón, Dorita decidió aparcar en el ombrillo, haciendo malabarismo en el tráfico mañanero, y con muchísimo cuidado,  justo cuando vio a un jardinero que  limpiaba el monte de una cuneta. Una vez allí le explicó la situación y le solicitó que sacara a la rana. El hombre entonces utilizó su gorra para recogerla y dejarla entre las matas de la autopista.
     En cuanto Dorita solucionó el problema,  suspiró aliviada de haber podido evitar un accidente y se contentó de que la ranita encontrara un lugar amable donde vivir. Pero cuando me contó lo historia me confesó, muy apesadumbrada, que se sintió muy mal por haber  tenido que abandonar  a uno de sus animalitos domésticos de su  propio jardín en un lugar tan lejano a su hogar en Santa Mónica. 

-¡Pobre rana, - repitió muy triste- ahora tan lejos de su casa,  donde hubiera podido continuar siendo sido tan feliz!



¡ NO IMPORTA, YA VERE LA MANERA DE VOLVER A CASA!


Caracas, 7 de diciembre de 2012




BRUNO ELIAS Y YO















1 comentario:

  1. Hola Myriam:
    Felicitaciones por el puesto tan honorífico conseguido en el Concurso de TOLEDO. Es que en realidad tu narrativa es muy divertida e inteligente,
    Bruno Elias es hermoso, me le das un abrazo y un beso muy grande de mi parte. Me encantan los Perritos. Mi mascota ya murió, se llamaba Motitas y me dio mucho amo. se buscas, vas ha encontrar poesías escritas para ella.
    UN ABRAZO DE TU HERMANA Y AMIGA COLOMBIANA,
    EVA MARGARITA

    ResponderEliminar