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lunes, 9 de abril de 2018

"MI SUEÑO DE ANOCHE". Por Deyanira Quiñonez.


     Ayer, cuando revisaba el Facebook, leí un escrito de mi buena amiga y vecina, Deyanira Quiñonez, que me gustó mucho. Su narración refleja lo que todos desearíamos poseer en Venezuela y no tenemos: abundancia y bienestar. Nuestra carencias se han recrudecido en estas fechas de Navidad y Año Nuevo. No hay ni alimentos ni medicinas. Y si por casualidad las encontramos, éstas se vuelven inaccesibles, pues la hiperinflación nos prohibe comprarlas.
      Como la narración onírica de Deyanira está relacionada con nuestros anhelos más inmediatos de la felicidad perdida, vale la pena que la lean otras personas.  Por esa razón solicité a la autora me enviara la crónica onírica" para publicársela en mi blog. A continuación anexo el texto citado: 

"Mi sueño de anoche.

Comparto con mis amigos y familiares mi sueño de anoche.
Mi amiga Gabriela Piñero, me llamó para irnos de viaje para Alemania. Me sorprendió y acepté, así fue como viajamos ella, su esposo Cesar Alberto Castellanos, y una amiga de ellos muy agradable... Llegamos a Frankfurt, la temperatura a 9º, me dieron un saco muy confortable. Lo primero que hicimos fue llegar a una hermosa plaza grandísima, de una forma circular, con algunos árboles, llena de gente. Yo me sentía con una felicidad inmensa. Era de día, allí todo brillaba, el ambiente era de disfrute de todas las personas por el inicio de un nuevo año! Se respiraba libertad, la gente paseaba con una serenidad y felicidad. De un lado habían unos kioscos que vendían algunas comidas, dulces, fuimos hasta allá los Venezolanos muy contentos! Cuándo llegamos a algunos kioscos, mi sorpresa es que nos reconocieron y empezaron a hablarnos en español, había café con leche...en mi pensamiento me dije Dios mío esto es un regalo, aquí hay café con leche cremoso...y en la vidriera del kiosco, muy bien organizado e impecable, tenían harina pan, como algo normal...Wow! esto es lo máximo...estamos en casa! y asi terminó ese sueño...Me desperté feliz y lo estoy compartiendo!"

1,75  €
1,00 €



Polar. Pilsen, Tercio 2,20 €


Taza para el rico café venezolano 15,00 €


IMAGENES: WEB

Caracas, 4 de enero de 2018

miércoles, 14 de octubre de 2015

PROHIBIDO COMPRAR GALLETAS DE SODA DOS VECES A LA SEMANA EN VENEZUELA

   

     Más que mi desazón, mi tristeza va en aumento al ver la inmensas colas de personas que cruzan en todas direcciones la superficie de Venezuela, en busca de alimento. Lo que oigo en las calles, en los centros comerciales, en todas partes, son quejas cuando paso al lado de alguien que conversa con otra persona cara a cara o por teléfono: "Esto no puede estar pasando", "¿Hasta cuándo vamos a aguantar esta situación?", "Y ellos, bien gracias, sin hacer colas, tienen todo servido en la mesa". Y así como éstas, escucho muchísimas más lamentaciones. 

     Para quizás "suavizar" las angustiantes quejas crecientes del pueblo, consecuencias directas de las retorcidas medidas económicas del régimen, en estos días una dirigente oficialista, se asomó a las colas del pueblo, para buscar alimentos lo siguiente ante las cámaras de televisión, una frase triste e hipócrita: "Vamos a disfrutar estas colas sabrosas". 
    Una señora del pueblo la espetó a que por qué no las hacía ella como el resto del pueblo todos los días. Claro está que ni ella, ni ninguno de sus compañeros las hace. Sólo el pueblo hambriento se ha convertido desde hace ya años en tejas bajo el sol o la lluvia. Mientras -es posible- que las mesas del régimen estén servidas con carnes traídas de Argentina, chocolates de Suiza o caviar procedente de Rusia o de Irán. Y también "irán", porque eso ya se sabe, muchos van a realizar sus mercados en Curazao o Aruba, aprovechando periódicos paseítos, sin hacer ninguna cola.

     Ya en este blog he manifestado mi preocupación, descontento y tristeza por las calamidades que vivimos los venezolanos para conseguir comida, y la forma impuesta por el régimen miraflorino para que consigamos "lo que haya" acompañado de una inflación de 150 a 200% sobre muchos productos, rayana ya casi en la hiperinflación. 

    A propósito de esta situación, me contaba una joven mamá que vive en el interior, que antes pagaba Bs. 80,00 por unos pañales y hace poco los bachaqueros intentaron vendérselos en Bs. 800,00.  La madre en cuestión, no pudo comprarlos a esa precio exorbitante, por lo que no le ha quedado otro recurso que enseñar a su pequeñita de dos años a hacer pipí en la poceta, pues no puede pagar ya los pañales.

     ¿Y que ha hecho el oficialismo para controlar la inflación y el "bachaqueo"? Con respecto a lo primero, lo ignoro, pues cada día estamos más cerca incluso de la estanflación. En cuanto a lo segundo, o sea esta forma de explotación de seres inescrupulosos de comprar y revender los productos de la cesta básica, como café, harina, harina PAN o precocida, papel tualé, etc.? Pues instalar las captahuellas en los supermercados y farmacias para evitar estas reventas. Pero sucede que con tan nefasta medida, se controlan las compras de todo el pueblo de Venezuela, de manera que pagamos, como se dice, justos por pecadores. Estos últimos son  esos seres humanos-insectos llamados "bachaqueros".
    
      En mi crónica "Los pequeños monstruos",  (04.09.15)  refiriéndome a las captahuellas, manifiesto mi descontento y antipatía por estos mini tanques bélicos que destruyen nuestra dignidad de venezolanos cuando nos piden colocar los dos dedos índices como si fuéramos criminales, para controlar las compras de alimentos de la cesta básica a través de nuestras huellas dactilares. Entonces se permite sólo la adquisición de dos rubros semanales por persona, e impidiendo, de esta manera realizar una segunda compra del mismo artículo en algún otro local de la ciudad, confundiéndonos con los señalados "bachaqueros".

    Lo peor de esta situación es que este triste oficio existe desde que se implantó en esta Tierra de Gracia el desastroso modelo económico castro comunista hace dieciséis años. Antes ni habían colas, ni se conocía la existencia de estos seres humanos insectos. ¿Y por qué? Porque teníamos otros sistemas que nos permitían tener las alacenas llenas y comprar sólo aquello que necesitáramos. Eran los tiempos que vivíamos en Democracia. Con sus virtudes y defectos.

     Este horrible sistema de control en los supermercados, que ya de "super" no tienen nada, como no sean la escasez, las enormes colas de gente desesperada por encontrar comida, va acompañado, además de otra captahuellas colocada en la parte de atrás de los locales, en las que mostrando el número de cédula de identidad, se puede comprar, de acuerdo su número de terminación, los productos regulados en cantidades reducidas, por ejemplo: dos bolsas de café, dos jabones de tocador, dos kilos de azúcar o arroz y tres paquetes de papel tualé. El problema es que nunca vienen estos rubros juntos. Muchas veces se ha acabado y sólo encuentras o arroz o jabón o azúcar. Para ello, es necesario obtener un número antes y hacer la cola infinita, bajo el sol o la lluvia inclementes. Este mismo sistema de control se aplica -como una "dádiva" del régimen, también en las farmacias hoy carentes de medicamentos. Todo para disfrazar de "bachaqueros" la ineficiencia del régimen.

     Y para ilustrar este desastroso control bélico, pues se trata de una economía de guerra impuesta por el oficialismo, a continuación narro lo que le pasó  esta mañana a una amiga que fue al supermercado Excelsior Gama de Santa Fe a realizar unas compras que necesitaba.

       Ella me contó que al llegar a la caja, luego de poner los dos índices, como índice, también, de control, y pasar unas galletas de soda, le dijo la cajera:

     - Usted no puede pasar las galletas de soda, señora-
     - ¿Por qué no puedo?- le preguntó mi amiga, sobresaltada.
    - Pues porque aquí  en el sistema de controles (de la captahuellas) aparece que usted compró galletas de soda la semana pasada, y no puede hacerlo otra vez.  ¿Usted recuerda haberlo hecho en alguna otra parte de Caracas? A todas éstas apenas era martes.
     Inesita, la pobre, me dijo que había hecho tantas colas y había recorrido tantos automercados buscando comida, que, por supuesto no podía recordar si las había comprado, ni donde,  por lo que le contestó, confundida que no sabía, que no recordaba. Y la empleada NO le dejó pasar las galletas de soda. ¡Que para colmo, no era un producto regulado! Y le repitió:
      -No las puede comprar, señora.
     El estupor y la indignación de mi amiga, ante la actitud de la cajera fue tal, que le dijo que se las metiera por donde no le diera el sol y le devolvió, además, toda la compra, en medio del aplauso general de las demás personas de la cola. Luego, los más variados comentarios no se hicieron esperar:
   - Y entonces, quiere decir, según este nefasto sistema, que si mi mamá o mi abuela, sigue una dieta no puede comer galletas de soda sino una sola vez, hasta que la cantidad se termine. ¿ Y luego no puede comprarlas de nuevo?- Preguntó una señora indignada.
     
     El rumor de protesta creció y otra clienta también comentó horrorizada que ¿cómo hacía una madre con la merienda de sus niños en la escuela, si parte de su dieta eran las galletas o productos similares, y no se las puede adquirir sino una vez a la semana y sólo dos paquetes por persona?.
      
    Creo que para no seguir pasando tantas humillaciones por parte de quienes nos quieren ver hundidos en la más absoluta miseria, debemos votar por la Democracia en las próximas Elecciones Parlamentarias del 6D. De esta manera, Dios mediante, no pasaremos hambre en el futuro y podremos comprar lo que se nos antoje - incluso galletas de soda todos los días del año- sin preocuparnos de los pequeños monstruos bélicos llamados captahuellas, que lo más seguro es que pasen al olvido, al perder las propias batallas en la economía de guerra que los generales que las dirigen han iniciado.




IMAGENES: WEB