jueves, 27 de abril de 2017

ADIÓS, ME VOY DE VIAJE. Homenaje a mi madre, Dora Galindo de Paúl, a los diez años de su partida.




Diez años hace
que nos dijiste "adiós, 
me voy de viaje,

pero regreso
ya junto a mis hijos,
nietos, bisnietos".

Nunca tu alma
nos abandona, nunca
y lo sentimos.

Desde Arriba
ves el sufrimiento que
hoy nos aqueja.

Imprimes fuerza
a nuestros ánimos y
¡Dios! nos consuelas.

También despejas
los venenosos gases
de la contienda

injusta y vil
que azota al pueblo
de Venezuela,

cuando pedimos
justicia y libertad,
y nos atacan.

Cuídanos siempre
que la necesidad nos
toque la puerta.

Tus bendiciones
 señalan nuestros pasos
desde el Cielo.



Caracas, 27 de abril de 2017



jueves, 30 de marzo de 2017

EL VERDUGO DEL PUEBLO



Fardos de odio
llevo a mis espaldas
¡Cómo me pesan!

Hambre, miseria
desolación, tristeza
son los caminos

retorcidos, oscuros
que hoy siguen mis pasos
de andar torpe

entre las minas
 sembradas por la crueldad
de un verdugo.

No hay compasión.
Su mano asesina,
asesta Golpes

y decapita.
Su hambruna conduce
hacia la muerte

y busca siempre
cuerpos enfermos, mustios,
abandonados.

Jamás y nunca
su pulso tiembla, débil
sobre el mártir.

¿Y quién lo dice?
preguntará el Mundo
desconcertado.

Lo afirmo yo,
Pueblo de esta tierra,
de Venezuela.





Caracas, 31 de marzo de 2017 

IMAGENES: WEB.




domingo, 26 de marzo de 2017

HAIKUS PARA EL CUMPLEAÑOS CELESTIAL DE ALBERTO


Recuerdos de luz,
de estrellas y soles,
eso eres tú,

hermano nuestro,
caminante, viajero 
de alma noble.

Sonrisa dulce
y mirada sincera,
mieles de amor.

La primavera
alegre de la niñez
marcó tus pasos

y tu verano
de sueños amables
regaló vidas;

trazó senderos,
sembró árboles bellos
de ricas frutas.

Ariano fuerte
que libraste batallas
con tu destino

en el otoño
de bellas hojas secas,
colores de sol.

Y recordamos
cómo ayer celebramos
otros veintiséis

de marzo plenos
de alegría, dicha:
tu cumpleaños.

Hoy, para siempre,
tu celeste invierno
nos ilumina.


Caracas, 26 de marzo de 2017



miércoles, 22 de febrero de 2017

CRONICA DE RAFAEL RODRIGUEZ CALCAÑO SOBRE UN ACTO DE VALENTIA EN SU NIÑEZ




     Ayer, cuando revisaba Facebook me encontré con una linda crónica escrita por Rafael Rodríguez Calcaño, sobre un episodio de su infancia relacionado con el abuso de un grandulón que se quiso apropiar de su caja de chiclets. Como me gustó tanto la historia, por el profundo contenido y por lo bien escrita, le pedí autorización a su autor para publicarla en uno de mis blogs, y así tenerlo como escritor invitado. Le expliqué que su historia - según mi humilde opinión - luego de cumplir su objetivo, se deslizaría por el inmenso tobogán de la red para reunirse con el resto de la información que, con la velocidad de la tecnología de punta,  se pierde para dar paso a otra. En cambio, al hacerlo en un blog, también de tecnología de avanzada, pero con una estructura diferente, que permite guardar lo publicado por más tiempo, allí quedaría registrada para que la leyeran otros lectores del mundo. Como mi amigo se complaciera con la invitación, me autorizó a publicarla.

     Pero antes,  a título de presentación para quienes no conozcan a mi invitado,  les diré que Rafael Rodríguez Calcaño es venezolano y vive en Caracas. Su actividad profesional - según su propia presentación en Facebook- se resume como sigue:

     - Traductor audiovisual inglés y francés en Freelance.
     - Trabajó como Director Editorial en PLAYCO EDITORES
     - Estudió Tradiciones Narrativas en Escuela de Altos estudios en              Ciencias Sociales.

     Y a continuación, la crónica, publicada ayer en el muro de Francisco en Facebook, y que causó entre el resto de sus amigos virtuales los más variados e interesantes comentarios:


"Recuerdo que cuando tenía 11 años había en la cuadra donde vivía un muchacho pendenciero que tenía 13 años y era más alto que yo. Como era el más grande de la cuadra, se la pasaba caribeando a los demás niños y un día se me acercó y me quitó una caja de chiclets que yo traía en la mano. Cuando le reclamé, me dio un golpe fuerte en la oreja que me dolió bastante y me dejó viendo estrellitas. Me fui y llegué a la casa con lágrimas en los ojos de la rabia y la impotencia que sentía. Mi papá me vio llegar y me preguntó qué me había pasado. Le conté y le confesé que me había rajado porque el otro era más grande. Por toda respuesta, mi padre me dijo: ¡Móntate en el carro!, y me llevó a unos metros de la esquina donde estaba el muchacho. "Bájate", me ordenó, "y aquí no vuelvas hasta que recuperes la caja de chiclets, porque si te dejas someter una vez te van a someter siempre". No me quedó más remedio que, sollozante y temeroso, bajarme del carro y como más miedo le tenía a mi papá que al muchacho, fui hasta donde estaba el caribeador a pelear con él. Solo que en el camino agarré una peñona bien grande, Me le planté enfrente y le dije: "dame mi caja de chiclets o te lanzo esta piedra". "No me digas", dijo el caribeador, "quítamela, pues" y muy seguro de que yo no me iba a atrever a lanzarle la piedra avanzó hacia mí para volverme a golpear. Ahí mismo agarré la piedra con las dos manos y se la encajé en la frente. Con el golpe y la sangre, el muchacho quedó aturdido y así pude sacarle del bolsillo mi caja de chiclets. Le cosieron 10 puntos en la frente. Gracias, viejo, por enseñarme a no dejarme someter por nadie.






IMAGEN: WEB
Caracas, 20 de febrero de 2017

miércoles, 18 de enero de 2017

HAIKUS PARA EL AMOR UNICO Y ETERNO



Cuatro lustros hoy
de tu partida triste
y dolorosa.

Tiempos felices,
pasamos juntos, mi bien,
hasta el final. 


 FUNCHAL, MADEIRA (Foto: JADP)
Fuiste y eres
un ser único, como
el sol que brilla

sobre arenas
caribeñas y también
en lusitanas;

como la luna 
que arrulla el sueño
todas las noches;


como el gozo 
del niño cuando juega,
corre y ríe.

Así eres tu,
Capitán de mi vida
y de mis sueños.

Inolvidable,
pues tu  gran alma noble
hoy vive en mi,

y tu partida
fue también el regreso
de sentimientos

que despertaste
una noche de luna,
 de bellos sueños.






MATOSINHOS, OPORTO:  PLAYA AL ATARDECER Y LUNA SOBRE EL MAR

Caracas, 18 de enero de 2017







IMAGENES: WEB

domingo, 25 de diciembre de 2016

UN MISTERIOSO AGUJERO






Un día Martina y sus hermanos se encontraban jugando con sus primos en el patio trasero de su casa. Luego, cansados  y sudorosos se sentaron a descansar un rato. Como ya se acercaba la navidad, la conversación giró en torno a lo que le habían solicitado al Niño Jesús o a Santa para Nochebuena.
         -Yo pedí una patineta –dijo Nicolás.
         - Y yo una caja de pinturas al óleo - expresó Emiliana, mientras se tomaba un refresco.
         -Yo un muñeco orinón- terció Mariela.
         - Pues yo les pedí al que pudiera, el Niño o Santa, una bicicleta –  agregó Eugenia.
Como Martina permaneciera callada escuchándolos, Mariela le preguntó extrañada:
- ¿Y tú todavía no le has escrito a Santa, prima?
- Claro que sí. Hace unos días mi papá se llevó nuestras cartas para enviarlas desde su oficina.
-¿Y qué te van a traer, se puede saber?
- Pues además de algunos cuentos y una muñeca, les dije que me trajeran unos patines rueda libre de acero. Tú sabes,  los winchester  de primera. Les dije que no importaba si no me podían traer todo, pero que, por favor,  no se olvidaran de mis patines con municiones- expresó esperanzada.
La chica soñaba con ellos, pues sólo tenía unos  winchester de segunda clase que  reducían la velocidad de sus carreras, durante las patinatas navideñas.
Ese día de la tertulia se hacían las hallacas en  la casa y el olor del guiso se esparcía por todas partes.  Y sucedió que, en uno de los  constantes viajes de la patinadora a la cocina para cogerse las pasitas, su madre tomándola por un brazo le dijo:
- Martina, muchacha, deja ya de comerte las pasitas que después van a hacer falta. Hazme  más bien un favor, en lugar de estar curucuteando en la cocina. Ve a mi cuarto, y en  la última gaveta del  armario busca un rollo de pabilo y me lo traes rápido, que ya se me está acabando y me falta todavía envolver los bollos.
Cuando la niña buscaba el pabilo en la gaveta, su mano tropezó con un paquete  envuelto en papel navideño. “Posiblemente sea uno de los aguinaldos que mami tiene que dar en sus fiestas benéficas”, pensó. Y ya se iba con el encargo, cuando su curiosidad la detuvo. Sacó el pesado paquete, lo palpó, tratando de adivinar su contenido y como no lo consiguió, le abrió con mucho cuidado un huequito al papel. Sus ojos se agrandaron al ver que por él salía una rueda de patín ¡con municiones! Feliz con el hallazgo, comenzó a girar la rueda una y otra vez, hasta que la voz de su madre la sobresaltó:
- Martina, apúrate y tráeme el pabilo que lo necesito ahora, no mañana.
- Sí, mami, ya voy, ya voy- contestó azorada y rápidamente volvió a guardar el atractivo envoltorio en el mismo lugar en el que lo había encontrado. Pero sucedió que cada vez que se presentaba la oportunidad, y cuidando que nadie la viera, la chica iba al armario de su madre, sacaba  el maravilloso paquete  para admirarlo y darle vueltas a la ruedita. Mientras ésta giraba y giraba, ella sentía una profunda envidia del destinatario. “Quizás se trate del hijo de una amiga de mi mamá o uno de sus tantos ahijados”, se dijo esta vez.
Pasaron los días y llegó la tan ansiada Nochebuena, y con ella, la cena navideña. Los niños, engalanados para la feliz ocasión recibieron junto a sus padres, a los familiares y amigos. Llegaron cargados de regalos que colocaron al pie del arbolito o el pesebre. Más tarde vino la parte más emocionante de la noche: se cantaron villancicos al Niño Jesús, celebrando su nacimiento, y se intercambiaron  los presentes. Luego, se sirvió la cena en la que las hallacas, el pernil, la ensalada de gallina y el  dulce de lechosa hicieron las delicias  de todos.
Los niños  corrían y jugaban, cuando de pronto escucharon emocionados que sus padres tocaban la diana  para anunciar la próxima visita celestial, tintineando las copas con los cubiertos.
- Hijos míos, se acerca la llegada de Santa, así que a la cama. Si él ve alguno de ustedes despierto, pasa de largo sin dejar sus regalos. Miren que esta vez él acompaña al Niño Jesús, así que tendrán más trabajo y mayor prisa debido a que tienen que visitar otros chicos. ¡A dormir, pues, que ya se acercan!
¿Por dónde van  ellos ahora, mami? – preguntó ansiosa Emiliana.
-  Si salieron esta mañana de Europa, según mis cálculos, esta tarde llegaron a Venezuela. Así que ya deben estar en Caracas-  dijo la madre mirando fijamente su reloj pulsera. Recuerden que los trineos son muy veloces. ¡Ultima llamada! ¡A la cama todos, niños!
Esta vez la prole obedeció rápidamente para evitar que los encontraran despiertos.
A la mañana siguiente, la algarabía infantil, despertando a los padres era total:
- ¡Vino el Niño!
- ¡Vino Santa!
Los más pequeños observaron emocionados los regalos al pie de la cama. Luego los tocaron para comprobar que, todavía, conservaban el frío de las nubes, además del aroma celestial. Por último se abalanzaron sobre ellos para romper las envolturas.
Martina no podía creer que le hubieran traído tantos obsequios. “Gracias, Santa. Gracias, Niño Jesús. Les prometo que el próximo año me portaré mejor”, pensaba mientras  abría los paquetes y organizaba frente a ella los cuentos, la muñeca y el juego de damas chinas. Entonces, muy entusiasmada, procedió a abrir el siguiente.
 Y sucedió que al hurgar entre el montón de regalos, extrajo uno envuelto en un papel navideño algo sucio, arrugado y con un... misterioso agujero.


Myriam Paúl Galindo © Caracas, 1992, 2009.


Detalle del Nacimiento en mi casa. Caracas, diciembre, 2016.


Cuento publicado en  http://www.uncuentoentreamigos.blogspot.com



lunes, 28 de noviembre de 2016

CARIÑOSO RECUERDO A MI HERMANO ALBERTO EN EL PRIMER ANIVERSARIO DE SU PARTIDA

Dedico este Haikú del primer aniversario de la partida de mi querido hermano Alberto, a sus hijos Mercedes, Verónica y Luis Alberto Paúl Borges.

Cómo recuerdo
 tu sonrisa, hermano.
 Tu mirada fiel

a tus principios,
a la familia, a ti,
a tu destino.

Tu voz alegre
resuena en el alma, 
en los momentos

 del viaje feliz
que un día hicimos
en la juventud,

llenos de dicha,
a Grecia y Turquía.
Tierras lejanas.

Luego, más tarde,
continuaste la vida
en tus hijos y

nietos hermosos
que hoy recuerdan, lloran  
tu triste ida.

Y tus hermanas
también lo hacemos y
acompañamos.

Qué gran ausencia

familia y amigos
hoy lamentamos.

Gracias al cielo
por haberte tenido
como hermano.

Tu amor llena
de gran alegría los
momentos tristes.

Que los ángeles
 canten como el ayer
tu gran llegada

a los Cielos y
lo celebres  hoy junto
 a nuestros padres.


Caracas, 28 de noviembre de 2016