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sábado, 21 de junio de 2025

EL PROGENITOR

 





Día del Padre

en Cielos y Tierra.

Aleluya.


 Recuerdos de Papá, 

imperecederos, que 

el alma atesora.


Besos, abrazos,

regalos infantiles:

hermosos dibujos.


Herencia segura

de paternas y bellas

 enseñanzas.


Mamá prepara

una gran fiesta en honor

del  Día del Padre.


Y luego, del Abuelo,

 Papá, por partida  doble.

 Qué Felicidad.


Año, tras año

la familia celebra

el Ágape paternal.



El Progenitor

viajó  al  Cielo, pero Aquí,   

 Allá, Fiesta hay.


Dios jamás olvida

la bella Misión de los

amados Padres


quienes, por sus hijos,

en Tierras  y Alturas. 

siempre velarán.



Pirograbado de mi padre, Luis Alberto Paúl, basado en la foto de una figura metálica de Pablo Picasso, publicada por la revista "Life" de Estados Unidos." Los colores son de libre interpretación de L.A.P." Según  mi padre, "Fue laboriosa la pirograbación". Luis Alberto Paúl. Caracas, 1960 (más o menes)."



 

 

 

 

miércoles, 22 de noviembre de 2023

EL BISABUELO

 


   El Bisabuelo, Luis Alberto Paúl, la Tía Abuela, Myriam  y las  bisnietas Emiliana y Andrea Alvarez De Stefano.


 

Homenaje a nuestro Padre, Luis Aberto Paúl, en el décimo quinto aniversario de su partida a los Cielos, el 22 de noviembre de 2008.


No te has ido,

querido padre, vives 

en el corazón 


de tu descendencia,

 en la savia que nutre

su bella juventud.


Eres Bisabuelo,

  de  jóvenes estrellas,

futuras promesas


en las Ciencias y

en las Bellas Artes,

para tu orgullo.


Eran niños todos,

quince años atrás, cuando

Dios te llamó.


El Bisabuelo 

partió hacia  el Cielo,

 para escribir con Dios.


Y desde Allá

bendice nietos, bisnietos

en la Paz del Señor.


Luid Alberto Paúl, con su nieto, Renato De Stefano Paúl.


Caracas, 22 de noviembre de 2023






miércoles, 28 de junio de 2017

CARIÑOSOS RECUERDOS DE MI PADRE, LUIS ALBERTO PAUL, PREMIO NACIONAL DE PERIODISMO 1989, EN EL DIA DEL PERIODISTA





           Luis Alberto Paúl, cuando era Jefe de Redacción del diario "La Esfera".

     Mi padre, Luis Alberto Paúl, fue excelente escritor y periodista, galardonado con el Premio Nacional de Periodismo en 1989. Con él se podía conversar casi sobre cualquier tópico. Sus hijos pensábamos que era una  especie de enciclopedia, pues no había pregunta que le hiciéramos que no nos contestara. Eso sí, las de índole deportiva se las remitía a mi hermano Alberto quien era experto en la materia. Sin embargo a mi padre lo caracterizaba su gran humildad, cualidad ésta que no he encontrado tan marcada en ninguna otra persona en toda mi vida. Tuvimos siempre una gran comunicación, y él fue siempre mi guía en mis inicios “literarios”. El buen humor, tan característico en mi papá, siempre nos acompañaba y nos hacía reír mucho a sus hijos, pues nos imitaba con increíble veracidad.

Recuerdo una vez que escribí en las páginas de un cuaderno de una raya, una novela que llamé “VACACIONES”, y que resultó una mezcolanza de estilos. Mi papá, para echarme bromas, inventó un personaje - la señora Romaguera, según él tomado de mi novela -  a la que a cada momento, le encantaba imitar. Y lo hacía  cuando me encontraba en alguno de los lugares de la casa o cuando nos sentábamos a la mesa. Entonces las carcajadas de los comensales no se hacían esperar.  En otras oportunidades, eran las historias de su infancia y juventud las que amenizaban las sobremesas, sobre todo las dominicales, luego del consabido sancocho de gallina y los buñuelos de yuca con melado de papelón, menú con el que nos regaba mi mamá. Estas agradables reuniones y conversaciones con mi papá continuaron durante toda su vida. La familia lo admiraba y sus hijos  lo amábamos mucho, pues siempre estaba accesible para sus hijos, al igual que nuestra madre. Como buen periodista estaba pendiente de las noticias a través del periódico y la televisión. 

La máquina de escribir mecánica fue siempre la que prefirió utilizar hasta el final de sus días. No le atrajo nunca la eléctrica con todos sus adelantos de esféricas con diferentes y sofisticadas letras, no. Durante toda mi vida le vi teclear con fuerza y con  una velocidad envidiable, máquinas Remington, y Royal. En la primera practiqué yo mis primeras lecciones de mecanografía, aprendidas en la Academia  Victegui de Los Teques. Luego le traje de Viena una Olivetti, Alberto, mi hermano le regaló otra no recuerdo de qué marca, y así todos los hijos se las obsequiábamos por Navidad o por su cumpleaños, que ocurría el día después de esa festividad. Luego insistíamos en regalarle las máquinas de escribir eléctricas, pero él prefería las útiles y sonoras mecánicas.

    Cuando las nuevas tecnologías sacaron al mercado las computadoras, mi papá siguió con interés su evolución. Con frecuencia me preguntaba acerca de mis adelantos en su manejo y cuando ocurría algún percance con ellas siempre estaba atento a su solución. Inclusive, llegamos a trabajar juntos en un libro suyo sobre folklore venezolano, que yo le transcribí a Word. El venía a casa, veía los adelantos de su libro en pantalla y luego, se llevaba una copia de mi trabajo de transcripción para corregirla en casa y devolvérmela luego.

 Una vez lo insté a que escribiera en la computadora y así lo hizo cuando verificó que el teclado no se diferenciaba del de la máquina de escribir  mecánica que él utilizaba. Quiso, entonces practicar los tamaños de letra, el mecanismo de la computadora, y luego, muy entusiasmado  y entre bromas escribió lo siguiente:

“Myriam está convertida en una tecnóloga de primera. Ojalá que un día de éstos invente la piedra filosofal verdadera para convertir nuestros devaluados billetes en oro cochano puro.
A través de la persiana de la cocina, filtrábase un rayo de luz, y yo quise atraerlo un poco hacia mí para preguntarle si venía de la segunda galaxia, después de la constelación del Toro. Negó el rayo que viniese de allí – al parecer era un explorador andariego, deseoso de comprobar si los terrícolas están hechos de basura cósmica. Quise ofrecerles café al luminoso visitante, y a poco desapareció para mezclarse con la claridad solar común. Noté luego que por la huella del rayo se había formado una especie de mínimo tútelo más bien una suerte de círculo. Caray, pensé, esto es una invitación a observar... extrañas cosas. De pronto, vi cómo se delineaba un rostro de payaso y una sonrisa desdentada. Bueno: aquello era Morocho, de Los Teques. Se esfuma la visión del campanero, y distingo entonces la cara juvenil de una princesa asiria. Venía en una carroza custodiada por dos leones -made in Teresita Arleo- los leones eran idénticos a los del palacio de Nemrod en Babilonia.
Gira vertiginosamente el círculo. Ahora la princesa es árabe. Identifico a Scherezada frente a un príncipe petrolero del siglo veinte. Por Dios, soy yo misma, vale. Ya se. El Aleph."

     Han pasado ya muchos años y ya mis padres no se encuentran con nosotros, como tampoco mi hermano Alberto. Encontré estos apuntes, ayer, Día del Periodista, los he revisado, pero esos apuntes sobre mi padre, que escribí un día cualquiera del año 2000, los he dejado igual. Lo que cada día aumenta, es mi agradecimiento a mis padres. A él por haberme regalado el amor a la literatura, además de su invalorable ayuda en el oficio de escribir, y a mi madre por ser mi primera "fan".


Caracas, 27 de junio de 2017








lunes, 25 de julio de 2016

CARACAS CUMPLEAÑERA




     No deseo dejar pasar el aniversario número 449 de Caracas sin mencionar el libro que mi padre, Luis Alberto Paúl, escribió sobre la bella cumpleañera, y resaltar algunos párrafos de la obra. Este hermoso libro que presenta en la carátula una foto del Parque Central, se titula "CARACAS Una visión panorámica desde su fundación hasta nuestros días, Ediciones de la Dirección de Información y Relaciones Públicas de la Gobernación del Distrito Federal, Caracas 1983. AÑO BICENTENARIO DEL NACIMIENTO DEL LIBERTADOR.

     Para comprender mejor el contenido del libro, a continuación transcribo el prólogo, escrito por el Gobernador del Distrito Federal en 1983, Miguel Angel Hernández  Ocanto:

"Estimado Lector:
El tema de desarrollo  de Caracas, desde sus orígenes hasta los días presentes, no pierde nunca interés ni para los estudiosos de nuestra historia, ni para el hombre común, siempre dispuesto a conocer las intimidades del medio en que vive.
Con el propósito de hacer llegar al público una información completa, aunque concisa, de lo que fue y es ahora la ciudad fundada por el español Diego de Losada a la sombra tutelar del Avila (Guararia Repano, Sierra Grande de los indígenas), la Gobernación del Distrito Federal se complace en ofrecer hoy este trabajo del escritor y periodista Luis Alberto Paúl, en la confianza de que el lector encontrará en él un texto de suma utilidad como relato de los acontecimientos que han influido decisivamente en la vida y el destino de la capital venezolana.

Atentamente,

MIGUEL ANGEL HERNANDEZ OCANTO


Caracas, julio de 1983"

 La obra antes señalada se divide en dos partes: la primera abarca los años 1560 - 1940, y la segunda el período comprendido entre 1940 -1983.
Comienza el libro como sigue en la pág.3:

"No fue fácil para los españoles apoderarse del valle llamado de los caracas, de los toromaimas, o de los catuches, nombre cumanagoto de las guanábanas. Ni fue tampoco fácil establecer en tan codiciado territorio un asiento que pudiera servir de apoyo a la conquista de las tierras vecinas. Los indios que custodiaban el valle y sus fragosas proximidades eran singularmente bravos, y esta belicosidad se hizo andando el tiempo más temible, cuando cmprendieron que tanto los barbudos invasores como los espantables animales que montaban estos intrusos, podían morir también bajo las flechas o al golpe de la macana.
El primer capitán que tuvo el coraje de lanzarse a la conquista del suelo de los caracas, no fue, sin embargo un blanco europeo, sino el margariteño Francisco Fajardo, hijo del peninsular Diego Fajardo y de una india principal de Paraguachoa: doña Isabel , nieta del cacique Charaima, del valle  de Maya, en Costa Firme. Deslumbrado por los elogios que de la cercana provincia solía hacer su progenitora, así como por las referencias de los guaiqueríes que mantenían trato comercial con las tribus del Continente, Fajardo, mozo aún, resolvió buscar la Arcadia de sus sueños.   ..."

Luego continúa describiendo las incursiones de Francisco Fajardo hasta la "Tercera Expedición. Luego, en la página 7 continúa con

"...Expedición de Losada

No era tarea pequeña la que traía entre manos don Diego de Losada, y comprendiéndolo así, gasta todo el año de 1566 en los aprestos de la expedición. Hombre experimentado en guerras de Indias y buen conocedor de la índole de las gentes que custodiaban la comarca del oro (caracas, arbacos, teques, meregotos, toromaimas y quiriquires), Losada organiza un ejército con todos los elementos requeridos para la guerra y para la paz. Cuando considera que nada le falta, se pone en camino. "A principios de enero de 1567, dice Oviedo, sale del El Tocuyo con su gente, y recogiendo de paso la que tenía prevenida en Barquisimeto, pasó a Nirgua, donde con toros, cañas torneos y otros regocijos militares, celebró con los caballeros de su campo el día 20 de enero la fiesta de San Sebastián, escogiéndolo por patrono y abogado contra el mortífero veneno de las flechas.  ..."

Y en la pág. 9, bajo el subtítulo de "Santiago de León de Caracas", relata el autor:

"Aunque Losada había estado siempre en ánimo de no poblar hasta tener pacificada la provincia, conociendo por la obstinación de los indios lo dilatada que iba su conquista, para poder con más comodidad conseguirla y tener en cualquier adverso accidente segura la retirada", optó por fundar una ciudad en el valle de San Francisco (25 de julio de 1567).
"Fundó ciudad, según el común uso,
en parte rasa, limpia de arboleda
y Santiago de León le puso",
dice Juan de Castellanos. Sobre los carbonizados restos del hato de Fajardo y de la villa de Rodríguez Suárez, alzáronse, pues, las casas de don Diego. ..."

La segunda parte del libro, que va desde 1940 a 1983, en la pág. 21, Luis Alberto Paúl escribe:

 "La transformación urbanística de Caracas -ciudad estacionaria en este sentido hasta la desaparición de la dictadura de Juan Vicente Gómez -fines de 1935- parte de la década de los años cuarenta, cuando el país, libre ya del despótico sistema de gobierno que aquél había impuesto durante veintisiete años, comenzó a respirar aires democráticos. ..." Entre las págs. 22-31, menciona las siguientes secciones: "La montaña, el tránsito, los templos"; "El Este, otra Caracas"; "Turismo cercano: montaña y playas", y por último, "Parques, museos, diversiones, cultura".

"CARACAS Una visión panorámica desde su fundación hasta nuestros días" contiene muchas gráficas correspondientes a los períodos señalados por el autor. A continuación algunas de ellas.


PRIMERA PARTE:



 "Plano de Caracas (Juan de Pimentel, 1856).
 Y en la leyenda inferior: "La ciudad colonial". (Pág. 4).


                                   "Antigua iglesia de la Trinidad, hoy Panteón Nacional" (Pág. 10).


              "Templo de Santa Teresa en 1880" Parte superior y "El Teatro Guzmán Blanco (Municipal)
                                             poco después de inaugurado! (Pág.12).


"Escudo de arma en una medalla de 1789" (Pág. 15).

SEGUNDA PARTE:




!
"El Metro, el más moderno del mundo" y "La Plaza Bolívar, lugar de encuentro de los
 caraqueños" (Pág. 23)








"Catia La Mar, en el Litoral Central" y "Teatro Teresa Carreño" (Pág. 29)


Caracas, 25 de julio de 2016.









domingo, 22 de noviembre de 2015

HAIKUS DE LAS SIETE ESTRELLAS

A mi padre, Luis Alberto Paúl, en el séptimo aniversario de su partida

 
                     
       
Siete estrellas
brillan Allá Arriba
y nos alumbran.

Una por cada
año de tu partida,
no tu ausencia.

Estás presente:
tu savia fluye, pasa
por troncos, ramas.

Enraizado
en los cuatro árboles
que tu sembraste

enamorado,
con la planta más bella
que Dios ha creado.



Hoy, brotes tiernos
nacen de varias ramas,
se multiplican.

Florecen siempre
en muchas primaveras,
también veranos

que Dios, tan Grande,
bendice y perfuma
todos los años.

Siete estrellas
iluminan los bellos,
lindos retoños.

Arboles nuevos,
de flores chicas, cubren
tu Venezuela.





Caracas, 22 de noviembre de 2015

Imágenes: WEB



domingo, 21 de junio de 2015

HUBO UNA VEZ UN PADRE

                               
                         Mi padre, Luis Alberto Paúl, escritor y periodista.

        Muchos de los primeros recuerdos de mi padre vienen de la época en la que vivíamos en Los Teques, cuando él trabajaba en Caracas en el diario "La Esfera". Estas remembranzas muestran cientos de facetas suyas traídas por la nostalgia. 

       Por ejemplo, veo al padre que por las noches venía cansado de su trabajo en el periódico", y que sus cuatro hijos esperábamos con el clásico "¿Qué me trajiste?". Entonces mi papá sacaba de sus bolsillos caramelos, chicles y yaquis. Nos traía también, para la cena, bolsas de acemitas dulces que compraba en la Esquina de Las Gradillas.

                     Mi papá en la redacción del diario "La Esfera"


       También me acuerdo de las muchas veces que, luego del almuerzo dominical, en la sobremesa, mi padre preguntaba quiénes de nosotros queríamos quedarnos para la competencia de Castellano. Esta consistía en dictados de textos, o de palabras con "H" -intercalada o inicial-; "B" o "V" y su deletreo. Algunos de mis hermanos y primos escapaban con disimulo al reto, y permanecíamos sentados a la mesa sólo mi hermano Alberto y yo. ¿La atracción? ¡Un billetico morado de ¡Diez bolívares!  que mi papá chasqueaba con la mano, como premio al ganador. Y nosotros no podíamos perder tal recompensa, que para ese entonces representaba un verdadero Capital destinado a las chucherías. 
        
        En las tareas escolares acudíamos al auxilio paterno para que nos tomara  la tabla de multiplicar; nos corrigiera las composiciones y nos ayudara con sus maravillosos dibujos. De esta manera reforzábamos la asistencia que también nos brindaba nuestra madre. Pero aquí los premios- según nuestro esfuerzo- eran semanales, mensuales y, sobre todo anuales, si terminábamos el año escolar en forma satisfactoria. Entonces venían las vacaciones en una casita en la playa, que mis padres alquilaban y en la que permanecíamos dos largos y sabrosos meses en  Los Corales.

      Viene a mi mente la imagen de mi padre, cuando preocupado, porque estábamos enfermos, se iba al trabajo y no dejaba de llamar a mi madre por teléfono para preguntar por nuestra salud. Y lo mejor de todo es que las llamadas se producían tantas veces como hoy se podrían hacer por el celular.

     Otras veces nos reprendía  con severidad, cuando nuestra conducta dejaba qué desear. Jamás nos dio "pela" alguna. Nos hacía ver nuestros errores las veces que nosotros parecíamos ciegos a ellos.

     Su gran humor nos hacía reír y también sus estupendas imitaciones de nosotros mismos. Sus historias de la infancia en los lejanos días llaneros en Tame, en el que sus aventuras competían con las de Tom Sawyer. Aparecían amiguitos que comían tierra, porque le gustaba, y azuzados por sus compañeritos de escuela, entre ellos mi papá, que le decían: "Gilberto, come tierra, come tierra" y que el chico muchas veces respondía "Esta no, porque está muy sucia".

     El teclear de la máquina de escribir mecánica en las madrugadas, cuando redactaba sus crónicas, reportajes o sus libros, se volvió tan grato para mí, que siempre quise imitarlo desde la infancia. Desde muy temprano me gustó el oficio de escribir de mi padre, con sus pausas y su música.

      Y así fue durante toda su vida.  Sus escritos, sus libros y premios literarios se convirtieron en mi brújula. Cuando yo escribía y le daba a leer algunas de mis crónicas, e inclusive el inicio de una novela que intenté escribir cuando tenía dieciséis años, me aconsejaba cuidar la prosa y "castigarla". Siempre me aconsejaba escribir todo de una vez, y luego infligirle el castigo necesario. También me recomendaba escribir una página diaria. "Al año, verás que ya tienes un libro".

         Su ayuda siempre estuvo presente tanto en el colegio como en la universidad; en mi vida personal y profesional; cuando tomé la gran decisión de irme a trabajar a Europa, sin haberla siquiera visitado. También me asistió en las indecisiones de mi vida. 
      Y  estas sugerencias  fueron tan acertadas, que una vez - dos meses tan solo antes de su fallecimiento, en noviembre de 2008- yo le leí un cuento que había  escrito para un certamen de narrativa que se llevaría a cabo en Buenos Aires. La historia versaba sobre un marino del barco nazi el "Sesostris", hundido en Puerto Puerto Cabello en 1941. El título del cuento era: "Ordenes son Ordenes; episodio basado en la tragedia del "Sesostris", durante la Segunda Guerra Mundial", (subtítulo sugerido por mi padre) .  Una vez que le hube leído el borrador, mi papá me preguntó si el protagonista moría, pues el final estaba algo confuso. Como le respondiera de manera afirmativa, me dijo: "Myriam, entonces describe mejor la muerte del personaje, pues es un hecho demasiado importante para sólo sugerirlo..." Al llegar a casa seguí su consejo e imaginándome las circunstancias terribles que enfrentó mi protagonista esa noche del incendio de su barco, describí como pude su triste final y el 30 de septiembre, fecha tope para  la remisión de los relatos, envié  la historia al " Quinto Certamen Literario de Cuentos de Pepe Fuera de Borda" en Buenos Aires, Argentina.

     Dos meses después de la partida de mi padre, Luis Alberto Paúl, - el 26 de diciembre, cuando hubiese cumplido 98 años de estar vivo -, asistí a una misa en su nombre. Al regresar a casa sentí curiosidad por saber cuál habría sido el resultado del certamen, que por cierto, se daría al finales de diciembre. Al entrar en Internet busqué la página del certamen para ver los resultados preliminares, y me encontré conque mi cuento "Ordenes son Ordenes..." ¡Había quedado entre los Cuentos Finalistas!


Caracas, 21 de junio de 2015, Día del Padre.