sábado, 8 de agosto de 2026

UN RESBALÓN JUVENIL. Por Elena Mendoza de Canache.

      

        Imposible evitar mi habitual paseo por el jardín, las mañanas lindas y frescas, donde muchas veces, la excursión es acompañada de suave música. Hago mis prácticas de Tai Chi, y en ocasiones, cuando el jardinero está en otras áreas, me encanta regar y podar algunos de mis rosales.

        Pero no  todos los días  son siempre tan bonitos, como uno los desea. La semana pasada, después de mi rutina, mis grandes botas rojas me jugaron una mala pasada, di un resbalón, y... ¡Suás!   A no ser por un triste pipote de basura, del cual me apoyé, no sé qué hubiese pasado con mi persona. Creí, al principio, que se trataba  sólo  de un susto y dos pequeños rasguños en mi rostro, pero al siguiente día,  fui al espejo, y  horrorizada, vi reflejada la cara de un mapache. Yo acostumbraba cada mañana, hacerme un maquillaje ligero para sentirme bonita,  y ahora, tenía hematomas en mi rostro. Llegaron los consuelos,  medicamentos, pomadas  y luego de tres días, mi rostro mejoró.  

      Pero, al volver a la rutina, de pronto recordé  el caso de una señora, algo similar al mío, que    no fue atendida por el médico, y al tercer  día,  murió.

       Este pensamiento me provocó una subida de presión arterial. Confieso no tenerle miedo a la muerte; soy creyente y siento que Dios siempre está conmigo, pero se que aún soy útil, no me puedo ir todavía, mis seres queridos me necesitan. Me llevaron a una reconocida clínica, donde me atendieron de maravilla. El neuro cirujano que me atendió dijo que habíamos hecho lo correcto, que todo estaba bien, y me preguntó mi edad. Yo le respondí con timidez:

      - Doctor, tengo 100 añitos. 

      Él casi no lo creía, me hizo una serie de preguntas que muchas personas incrédulas, ya me las habían hecho, cuando se enteraban también  de mi edad. Entonces, invitó a a mi hijo para ver en pantalla grande, en tomografía, el cerebro de una persona de 100 años, y luego, mostró mi tomografía. Las comparó, y llegó a la conclusión, de que mi cerebro es igual al de una persona 40 años menor, es decir, mi cerebro corresponde al de una persona de 60 años. Esto certifica y explica el por qué mi parte cognitiva me permite hacer trabajos en la computadora, a la par de una persona joven, leer partituras musicales, e interesarme por los logros de la Inteligencia Artificial.

      Es el resultado de toda una vida sana: deporte (practico natación), trabajo mental, alimentación sana, entre otros.

       El médico me preguntó si le permitía darme un beso,  y yo, sorprendida,  aprobé su cortés solicitud. Me besó en la mejilla, y le dije: 


        - ¡ Doctor, qué beso tan rico ! -