sábado, 16 de marzo de 2013

MUSITA




              Me encontraba atando cabos mentales. Buscaba en mi interior, hurgaba en mi cerebro tratando inútilmente de escribir algunas  frases que me llevaran a un cuento. Aunque tenía una vaga idea del tema, nada  se me ocurría:  mi mente estaba en blanco y también mi libreta, donde acostumbro a escribir la idea original para luego pasarla a la computadora. Por último, en vista de la ausencia de inspiración, dejé a un lado el cuaderno diciéndome que ya se me ocurriría algo. Entonces me recosté en el diván. ¡Se estaba tan bien!   
             La ventana abierta me traía, además de la brisa, el canto de los grillos y las chicharras que, en hermoso contrapunto, anunciaban lluvia. Súbitamente un revoloteo, un zumbido cerca de la cara me hicieron espantar lo que yo creí era un abejorro. Retomé entonces el hilo de mis pensamientos y traté de concentrarme, pero nuevamente el zumbido me distrajo y busqué con la vista al animalito.

         ¡Pero, no! Para mi asombro no se trataba de un abejorro como  había pensado, no.  Junto a la estatuilla haitiana del beso, se encontraba una diminuta figura alada que me miraba un poco sorprendida.
          -  Por favor, Myriam, no me mires con esa cara de susto. Mi nombre es Musita y no te voy a molestar, al contrario, vengo a ayudarte.
     
     Yo no articulé palabra alguna, sólo la observaba. No podía creer el espectáculo que se ofrecía a mis ojos: la figura de una niña con alas de gasa del tamaño de mi dedo medio  ahora se dirigía hacia el aguerrido practicante de Tai Chi, otra de mis estatuillas, y se arrellanó entre los pliegues de su bata oriental. Aturdida y con voz apenas audible le pregunté:
        -  Dime, criatura ¿Quién eres? ¿Qué haces aquí? Pareces sacada de un libro de cuentos…
       -  Mi nombre es Musita, ya te dije –afirmó enfática- No pertenezco a ninguna ilustración; soy un personaje real.
       -   ¿Un personaje real? ¿A qué te refieres… ¿Musita?
    - Pues sencillamente que soy una orientadora de trabajo intelectual, porque creemos en nuestro grupo de trabajo, debido a que la inspiración viene de lo más profundo de cada escritor y de sus vivencias. Como ves mi misión es  sólo ayudar a los aficionados, como tú, a las letras. De las historias se encargan ustedes.


     -            ¿Aficionados? 
      Sí,  a los aficionados, como tú, pues a los escritores consagrados, ya los hemos visitado cuando nos lo han solicitado mentalmente, y saben ahora cómo hacerlo. Esto no quiere decir que no nos vuelvan a requerir,  no. Lo hacen y  los orientamos, pero en forma menos frecuente. En mi propio caso, acostumbro a visitar a los escritores noveles que se encuentren bloqueados en la búsqueda de alguna idea para redactar  un artículo, un cuento, o  el bosquejo de una novela. En tu caso, yo presentí la llamada.  Por eso vine, porque lo necesitas¿No es verdad?

      Mi respuesta fue afirmativa, aunque no se me ocurría de qué manera  podría ella ayudarme. No obstante, dejé mis dudas a un lado para decirle:
-      Bueno, entonces, si es ese el caso, bienvenida a mi casa Musita, porque en realidad, por más que pienso, no se me ocurre nada. Quería escribir un cuento, pero a pesar de que tengo el argumento de lo que deseo narrar, no logro  encontrar las palabras, y mucho menos las frases para iniciarlo.
          -   Déjame darte una mano. Lo importante es no desmayar, Myriam. Persiste, siempre persiste. Llegar a escribir bien supone muchos sacrificios y muchísimos intentos. ¿Recuerdas los consejos que tu padre te da acerca de plasmar toda la idea, escribirla y luego “castigarla”? Eres hija de Luis Alberto Paúl, Premio Nacional de Periodismo. ¡Por Dios, Myriam! ¿Qué te pasa? Aprovecha sus conocimientos, sus enseñanzas. Por otra parte ¿Recuerdas lo que dice Gabriel García Márquez al inicio de sus “Doce Cuentos Peregrinos”, acerca de calentar el brazo y de la disciplina que se imponía él para escribir.
          -  Sí, ya lo se. Y leer los clásicos, además de los escritores contemporáneos; esos son algunos de los consejos que mi padre siempre me ha dado. Pero hay algo más, escribir supone poseer una gran dosis de creatividad; conocer a fondo el castellano e inspirarse en algo o en alguien, pero hay ocasiones en las que no podemos estructurar las ideas. Nos cuesta describirlas.

           -   Todo lo que has dicho está muy bien, pero hay algo que no debes olvidar y  es que además de lo que observas a tu alrededor, tienes tu  propia vida interior,  tus viajes -aunque éstos sean a la esquina - que simplemente, contándolos, tienes una crónica. Tú atesoras recuerdos de la infancia, adolescencia, y ahora de tu madurez. Siempre has tomado nota los viajes que has realizado; de todo aquello que te ha llamado la atención. Por ejemplo ¿Donde está la libreta de notas de tu viaje a Estambul, la de Lisboa? ¿Y aquellos viejos diarios de tu infancia¿ El de Viena? ¿Donde se encuentran también los dibujos que realizaste en el tanquero Independencia I, cuando hiciste aquel trabajo a bordo? ¿Dónde está todo ese material?


            -    En  alguna parte archivado...- le respondí bajando la cabeza.

       -  ¡Ajá, archivado. ¡Y por qué no lo sacas?  Piensas que no-te-viene-la-inspiración… No, Myriam, ¡NO! Has tenido, como todo el mundo, experiencias, vivencias hermosas. Has sufrido también, como el resto de tus congéneres, en cualquier área, especialmente en la amorosa, y esas experiencias cuentan particularmente al momento de escribir. Tienes en tu haber muchas anécdotas divertidas que una vez, hace ya mucho tiempo empezaste a compilar. Creo que escribiste el viaje real con el Príncipe Feisal. Se que te gusta narrar. Además, cuentas con un maravilloso grupo de amigos con excelentes cualidades literarias, que al igual que tú, poseen sus propias vivencias, hermosas todas. Puedes nutrirte intelectual y espiritualmente con ellos. ¡Entonces, comienza a escribir!
      Yo la escuchaba atentamente y le dije que tenía razón y que trataría de encontrar esa información recopilada. Quizás pudiera escribir algo para inspirarme en los los autores de los libros que había leído desde niña.


         -Eso está muy bien, pues la inspiración viene cuando escuchas o lees a las personas que narran sus propias experiencias. Son distintas, y el hecho de serlo, despiertan tu interés, así como las tuyas despiertan el de tu interlocutor o el de quien te lea. Más tarde viene la disciplina en el oficio de escribir. Así que medita sobre lo que te he dicho. 

     Recopila tus experiencias y comienza. Y, como dice también tu padre, escribe todo de una vez. Plasma la idea y luego “castigas” la prosa. Claro que sería aún mejor,  como ya te ha dicho tu padre, que desde un principio, comenzaras a escribir bien. Pero, no te preocupes que eso viene con la práctica.

     Entonces Musita se deslizó por el tobogán del pliegue chino y ya, un poco cansada, me dijo:

     -Ahora me voy, Myriam. Me llaman de La Alameda y creo que también de Cumbres de Curumo. Al igual que tú, hay otros atascados en su escritos. 

         - ¿Cómo lo sabes? – le pregunté, curiosa.
    -Mi misión, como te dije, es ayudar   a los escritores. No importa su edad. Recibo muchas llamadas, aunque no uso celular. Me basta con mi poder mental, telepatía, intuición. Todas mis percepciones las registro en los dos puntos azules interiores de mis alas para no olvidarme. Ahora, Myriam, sólo te pido un favor…
     - ¿Deseas tomar algo, ir al baño?- le pregunté avergonzada por mi olvido.
    - No, gracias. Sólo quisiera una gota de miel y otra de agua, pues debo reponer fuerzas.
     - ¿Sólo una? ¿Y comer algo antes de partir, Musita? 
    - No, querida, sólo eso. Estoy a dieta, pues para volar necesito estar muy liviana.
   No pude menos que sonreír porque yo también estaba en la misma situación, aunque lo que hacía era caminar.
    Una vez que Musita hubo tomado su merienda, se sentó sobre mi libreta y me dijo muy seria:
   - Bueno, amiga mía, ahora si tengo que irme. Recuerda lo que hablamos. Transmite mis consejos a tu grupo de amigos. Que me llamen, si me necesitan. Puede que algún día o una noche, si no llueve mucho, me cuele por sus ventanas y converse un rato con ellos. Es posible que ya tengan sus respectivas Musitas o Musitos, si deseas llamarlos así. Somos muchos y de ambos géneros. Hoy yo estaba disponible, pero quizás la próxima vez  te visite otro de mis compañeros.
      Luego de agradecerle su ayuda, Musita remontó vuelo hacia mi cara. Sentí una cosquilla en mi mejilla, producida por el minúsculo beso de despedida de mi pequeña profesora. Luego, ella prendió una lucecita, se iluminó toda y  salió por la ventana rumbo a La Alameda, confundiéndose con los cocuyos en medio de la noche azul marino.
       Me incorporé.  La figura china en la repisa, tenía los pliegue de la bata vacíos. Mi cuaderno de notas yacía en el suelo junto al lápiz. En los cerros vecinos las luces de los edificios parecían luciérnagas. 

       De pronto el revoloteo de un abejorro, que rondaba las flores del jarrón, me hizo volver la cabeza.
    
     ¿Musita?










Caracas, setiembre de 1992, 2013 

IMAGENES: WEB
    










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