lunes, 19 de marzo de 2012

¿QUIÉN ANDA POR AHÍ?

                                      


En la playa, junto a un grupo de palmeras que regalaban sombra y alimento, una muchacha  atesoraba ilusiones.  A  intervalos, miraba  el  reloj  pulsera.  David le había dicho que estaría allí bien temprano. El era puntual, así que esperaría tranquila. Ese domingo no tenía guardia en el hospital, pero en caso de alguna emergencia, estaba segura que  él  se lo comunicaría por el celular.

Mientras  lo esperaba, la chica dejó vagar los ojos por la playa y se fijó en una casa de bahareque, abandonada  y casi cubierta por la maleza. Las matas de malanga cubrían la vivienda, la playa,  y casi  se adentraban en el mar. El verde salvaje confería un aire íntimo y misterioso a la morada, que, a juzgar por su aspecto en ruinas,  hacía ya mucho tiempo no albergaba a ningún ser humano.

       - ¿Sola tan temprano, Matilde...o esperas al "Dr. House"?    
               La chica, aunque se encontraba de espaldas,  reconoció la voz fuerte e   impostada del antiguo novio. A pesar  de que hacía más de un año que habían  terminado la relación, no dejaba pasar la oportunidad de  molestarla cuando se la encontraba.
                
          -Eso no te interesa, Chúo. Por favor, te lo ruego una vez más. Déjame en paz, por favor.
    
         -Sí, lo haré ahora, pero sólo porque  la patrulla pasará a recogerme dentro de unos minutos – dijo el policía, al dar unas ligeras palmadas al arma de reglamento -. Ahora,  eso no quiere decir que te me  vas a escapar. No permitiré que ningún mediquito  de hospital con barba y aires de científico, venga a apartarte de mi lado. ¿Está claro... Mi Amor?- recalcó, mientras se ajustaba los pantalones, al  alejarse. 
    
         Al verlo cruzar la calle y subir al vehículo policial, la chica respiró aliviada. Hacía cinco años ella había estado muy enamorada de  Arquímedes, pero se cansó de sus infidelidades. Ahora amaba a David, alguien diferente que la valoraba y la quería  de verdad. Lo había  conocido en la emergencia del Hospital Central, cuando ingresó con aquel terrible dolor y le diagnosticaron una  apendicitis.  Luego de la intervención quirúrgica, mientras estuvo hospitalizada, el chico siempre se mostró muy atento con ella. "Claro, él es mi médico", pensaba Matilde, y no le dio importancia a las continuas visitas. Sin embargo, una vez que la dieron de alta, David  fue a verla muchas más veces a su casa, según él,  para hacerle seguimiento al post operatorio.  Entonces Matilde comprendió  que ambos estaban tan enamorados que ya  nadie podía separarlos. Ahora hacían  planes para la boda.  
    
           En eso pensaba cuando a lo lejos divisó a David, que venía de prisa hacia ella. Siempre que lo tenía ante sí  era  como una primera vez. Sus cuerpos se estrecharon felices. Luego, el mar y la arena en pícara complicidad, acariciaron  sus cuerpos, y el sol abrasador contribuyó a elevarles la temperatura: Besos, abrazos, caricias. Retozaban felices en el mar, mientras redescubrían sus sinuosidades. Y fue entonces cuando  la pareja encaminó pasos presurosos hacia la casita de bahareque,  y le pidieron a la humilde morada,  un poco de intimidad y de protección, sin importarles apenas que la caña brava  luciera algunos agujeros en las paredes.

        Las alimañas y una gaviota con el ala fracturada, a la que apodaban “El Náufrago”, fueron sus compañeros durante la maravillosa entrega. Los arrullaba el mar con su eterno vaivén y la brisa refrescaba a ratos los cuerpos  sudorosos, hasta que, al fin, luego de un delicioso batallar,  el bienestar invadió a los exhaustos jóvenes. Luego vino el descanso y el sueño reparador. El oleaje arrullaba y la brisa refrescaba su amor.

         Pero, de pronto se quebró la intimidad. Fuera del cobijo se sintió el ronronear de un motor. La pareja, aún bajo el embrujo del abrazo, contuvo el aliento. Luego sintieron que alguien curioseaba por las aberturas, fisgoneaba. Entonces, inquietos, y todavía abrazados, se hicieron a un lado y escucharon el chirriar de la puerta sedienta a grasa, seguido de unos pasos lentos y pesados. Una voz atronadora relampagueó en la penumbra:
                             
              -¿Quién anda por ahí?

         Entonces, por toda respuesta, desde el fondo de la vivienda se escuchó un ruido sordo. Y de pronto, "El Náufrago", sobrevoló como pudo, con el ala rota, hasta el uniformado, para dejarle caer encima la carga líquida y maloliente, con la que lo esperaba.



Playa El Agua - Margarita (Imagen Web)














   Caracas, febrero - marzo 2012


          

miércoles, 7 de marzo de 2012

OTRA VEZ SABANA GRANDE ME CONFUNDE


En mi crónica “Sabana Grande, Bulevar General del Sur” (08.11.11), comento la gran impresión que me causaron las obras de restauración efectuadas en el boulevar: la ampliación de las aceras en beneficio del peatón;  la variedad de columpios, toboganes y aparatos de diversión para los niños. No me queda más que aplaudir también la excelente idea que tuvieron los responsables del proyecto de restauración,  de exhibir  doce  bellas esculturas de artistas venezolanos. (Proyecto de Rehabilitación INTEGRAL BULEVAR DE SABANA GRANDE. EJE PATRIMONIAL, llevado a cabo por PDVSA-La Estancia, el Gobierno del Distrito Capital y la Alcaldía de Caracas).

Sin embargo, a pesar del estupendo trabajo  realizado por las instituciones antes señaladas, opinaba y aún lo sostengo que Sabana Grande luce triste y gris durante el día. Sólo el peatón y alguna música salida de las tiendas escondidas, contribuyen a alegrar un poco el ambiente. Se han eliminado casi en su totalidad lo anuncios en los negocios que le daban vida al boulevar. La palidez de las paredes de las tiendas, el concreto de los bancos, separadores de calle y  los paraguas blancos en grupos de a tres que adornan el boulevar, contribuyen a entristecer el ambiente.
Ahora bien,  lo que quisiera comentar esta vez fue otra  fuerte y contradictoria impresión que recibí hace una semana, cuando volví a pasar por Sabana Grande, un poco tarde, casi a las seis. Lo que presencié  fue digno de un espectáculo del Imperio:
.
Al caer la tarde, empezaron a iluminarse las “lámparas” blancas tipo paraguas  invertidos, mientras de los altoparlantes ubicados justo en su apertura, salían los acordes de una música celestial, en la que se entrelazaban  maravillosamente los trinos y los arpegios. Los colores hermosísimos  de las sombrillas iban del verde al azul, luego al morado,

al naranja y al blanco, cambiando al ritmo de la música, en forma casi mágica. Yo no podía creer lo que veía, pero afortunadamente llevaba mi cámara y pude tomar las vistas que aquí les ofrezco.

Reconozco que me quedé tan fascinada viendo el espectáculo mientras recorría el bulevar, que me costaba avanzar. No alcanzaba a comprender  tal demostración de lujo y  belleza. Me sentí  muy confundida. ¿Por qué entonces, al mismo tiempo prohibirían la publicidad de las tiendas? No quisiera pensar que sea algo parecido a la determinación del sistema comunista chino que piensa que "no hay nada más peligroso que una minoría que disfruta de artículos que la gran mayoría sólo puede ver en la publicidad. Y para atajar el problema, ha decidido prohibir los anuncios"... (Raquel Villaecija. El Mundo.es 04.04.2011).
 
Quisiera más bien pensar que se trata de blanquear las paredes para resaltar el efecto de los paraguas cuando  se encienden por las noches. Por supuesto que la iluminación es  sumamente necesaria en una zona tan insegura.  ¿Pero por qué tanto lujo energético a una hora en la que casi todo el mundo se recoge en sus hogares por miedo  al hampa desatada? ¿Quiénes se atreverían a pasear por Sabana Grande durante la noche, cuando allí  no existe vida nocturna alguna y los negocios cierran temprano? ¿Es que acaso no es la Violencia quien se pasea por las calles caraqueñas, haciendo de las suyas? ¿Cómo entender ese fasto luminoso, cuando sufrimos apagones a cada momento en la Venezuela que vivimos? ¿Por qué, repito, ese gasto  de electricidad -aún con bombillos ahorradores de energía, si es que los utilizan- cuando existen miles de protestas por esta causa, tanto en el interior del país como en  Caracas? Muchas calles y autopistas permanecen como bocas de lobos. ¿Nos querrán alegrar la vida, haciéndonos olvidar nuestros pesares, aunque sea momentáneamente al trasladarnos a un mundo lleno de luz, tipo Disney World, a los paseantes vespertinos de Sabana Grande?

Mientras, los alimentos se pudren y campea la escasez de cientos de rubros, de medicinas. Hay un gran déficit de viviendas  y de empleos. Pululan las invasiones. Nadamos en un mar de vicisitudes.  ¿A quién pretenden deslumbrar? Al observar el espectáculo del hermosísimo juego de luces, no pude menos que pensar que  lo que veía no se compaginaba en absoluto con nuestra realidad: habitamos un país triste; muy rico, pero, paradójicamente muy pobre. Nos angustian las expropiaciones, robos e invasiones que actualmente se llevan a cabo en nuestra capital y en el interior del país. Los homicidios nos asustan. Desde los cuatro puntos cardinales de Venezuela surgen protestas, descontentos por éstas y muchas otras causas. Ahora, por si fuera poco, el gravísimo problema ocasionado por el derrame petrolero de Pdvsa en el  Río  Guarapiche, del Estado Monagas, uno de los accidentes ambientales más grandes de la región y del mundo.
¿Cómo se explica, repito,  ese lujo en una Venezuela llena de necesidades y de corrupción? Basta citar el vergonzoso caso del Fondo de Pensiones de Jubilados y Activos de Pdvsa,  fraude cometido por parte de Francisco Illarramendi, administrador de Pdvsa y del que él mismo se declaró culpable (Nuevo Herald, 08.03.2011).


En medio de una confusión que no alcanzaba a comprender, y cavilando sobre el increíble espectáculo que acababa de observar en el boulevar,  regresé a mi casa.  La conclusión a la que llegué después de mucho pensar sobre el contraste de mi experiencia de esa tarde, fue que los venezolanos deberíamos tener un equilibrio armónico de bienestar general; de una buena calidad de vida, no de caos y confusión, pues, como  se dice, no se puede tapar el sol con un dedo.
Por la noche, prendí el televisor  dispuesta a despejarme un poco y entonces vi -¿por casualidad?- un documental sobre la Rusia Bolchevique,  filmado justamente en la época de la dictadura de José Stalin, en la que se narraban y mostraban  los horrores sobre los atropellos, opresión y persecuciones de los que fue objeto el  pueblo ruso. Al final del  mismo documental,  se mostraron también escenas de unos números musicales hermosísimos con chicas suspendidas en el aire que parecían volar sobre un escenario lujosísimo, fastuoso. Entonces el narrador comentó que... "bajo el régimen estalinista se mostraban espectáculos hollywoodenses para que la gente creyera que todo iba bien”.
















Caracas, 3 de marzo de 2012

jueves, 1 de marzo de 2012

HAIKUS DE LOS CORCELES DEL AMOR

IMAGEN DEL AMOR (WEB)

Miro a través
de los cristales rotos
de mis recuerdos

tu rostro en paz,
pues duermes junto a mí.
Descansa, amor.

Aún resuenan
los trotes de corceles
en mi cintura.

Viajes, partidas.
Mil idas y regresos
juntos, mi vida.

Es la única
contienda que el Amor
desea medir.

Tú me venciste.
Yo te derrumbé, cielo.
Estamos en paz.



Caracas, 29 de febrero de 2012






martes, 21 de febrero de 2012

NO SE POR QUE

                                              


IMAGEN: WEB

     El dormitorio de tío Eduardo era para nosotros, sus sobrinos, un lugar muy atractivo. Allí se almacenaban los objetos más variados e interesantes que habían visto tan de cerca nuestros ojos: libros de aventuras, juegos de computadoras; una colección de estampillas y otra de mariposas. Aumentaban nuestro interés los ordenados soldaditos de plomo heredados de mi abuelo, tres helicópteros y cinco aviones manejados por  control remoto. Y como si fuera poco, mi tío tenía también un paracaidista deportivo que él lanzaba, ante nuestros asombrados ojos desde el balcón de su cuarto. En el descenso se abría en forma rectangular para aterrizar no solamente en el jardín, sino sobre cualquier superficie que se lo permitiera, incluyendo los árboles. Esta habitación era, pues, un verdadero tesoro ubicado en el segundo piso de la quinta de mi abuela en Santa Mónica.

Un día en el que mi mamá organizaba en casa de Mamama los preparativos para la piñata de Bebé y tomaban café en la cocina con mis tías, nosotros  jugábamos en el jardín donde una semana después se celebraría la fiesta. Me habían encargado de vigilar a los más pequeños por aquello que tanto me fastidiaba escuchar: “Eugenia, como eres la más grande, por favor, vigila a tus hermanos”. Estuve con ellos solamente un rato, luego, desobedeciendo la orden impartida por mamá me escabullí del griterío y subí las escaleras lo más rápido que pude. Jadeando paré en seco ante la puerta de la habitación de mi tío. Esta vez un cartelón en colores,  impreso en la computadora y pegado en la puerta, me impedía la entrada. Rezaba así: “SI NO ERES INVITADO, NO PASES”. Esto, obviamente iba dirigido a nosotros, pues como tío Eduardo últimamente estaba cambiando de voz y se reunía con otros amigos del equipo de fútbol,  ya se creía un señor. Sí, se creía una gran cosa porque ahora tenía algunos pelos sobre la boca y  unos barritos que se curaba con sánalo. Reconozco que Mariela y yo éramos muy curiosas, pero no más que  Alejandro y Bebé que venían pegados a nosotras como si fueran mocos. Hace poco mi tío nos encontró a todos jugando en su cuarto y se molestó mucho. Entonces, con una voz de pito que luego se transformó en graznido y que no le había escuchado antes, nos ordenó salir de la habitación. Yo me asusté pues le vi una extraña pepa en el cuello que se movía para arriba y para abajo mientras regañaba y tragaba ¿Qué sería? Esto le daba un extraño aire de miedo, pues él antes no era así. Desde ese día cerraba la puerta con llave. No me acordaba de este detalle. Pero lo del cartelón era nuevo. Se trataba de  una prohibición disfrazada de advertencia. ¡Qué antipático, tío Eduardo! En vista de la nueva situación no me quedó otra alternativa sino respetar la inscripción del letrero, y toqué a la puerta llamándolo con voz melosa. Pero él no me contestó.  Toqué de nuevo, pero mi tío no contestó tampoco al segundo llamado. Pensé que se habría ido a jugar fútbol. Entonces, di vuelta a la cerradura que, para mi asombro, giró suavemente. ¡Se había olvidado de cerrarla! Luego, entré con mucha cautela conteniendo la respiración, no fuera a ser que estuviera escondido y me fuera a dar un susto,  pero me detuve allí mismo a la entrada. ¡No podía creer lo que estaba viendo! ¡Había fotos de chicas desnudas pegadas en las paredes! ¡Con las tetas al aire y, algunas de ellas tapándose la poncha con la mano! Hasta en la cartelera de corcho. junto al escritorio había retrato de mujeres como Dios las trajo al mundo. ¡Uf qué horror, no les daba pena mostrarse así tan chinitas! Supuse que eran artistas de cine o de televisión.

 De pronto me flaquearon las piernas y me senté en la silla de la computadora. Respiré profundo y seguí observando impresionada la habitación. Luego, más calmada me dirigí a la biblioteca, y allí encontré unas revistas con más fotos de  mujeres... ¡Otra vez con todo afuera! “¿Por qué tío Eduardo estaba tan obsesionado con esas fotos de chicas vulgares?”- me pregunté. No se por qué, si él solamente tiene catorce años.  Los únicos  que están siempre con sus novias o esposas, dándose besos y todo,  son los hombres, los adultos. ¡Bueno, aunque yo he visto últimamente a tío Eduardo tratando de agarrarle la mano a Clarita, la ahijada de Mamama que vino de Río Chico, pero ella es diferente. En fin, no entendía esta nueva decoración.  Continué viendo las cosas que él tenía en el cuarto. Sobre la mesa de noche encontré una caja de chicles de menta. ¡Qué rico! Tomé tres.  Al lado había un sobrecito de papel plateado. Pensé que era un chocolate. Leí la marca, pero estaba en inglés. Comencé a abrirlo, pero al romper el envoltorio lo que encontré  fue algo así como una goma. La halé para sacar el dulce,  pero me quedé estupefacta: lo  que salió del paquete fue una bomba blanca.  Cuando la observada, intrigada, escuché que me llamaban varias veces.  El  insistente llamado materno con ese tonito de voz que yo conocía tan bien, me puso inmediatamente en marcha. Bajé volando las escaleras mientras anunciaba con un ¡Ya voy!, también repetido, mi próxima llegada. A pesar de mi confusión me sentía feliz con mi hallazgo.

Al bajar, entré a la cocina disimuladamente a pedir un refresco. Aguanté el regaño de mamá por mi momentánea desaparición y mientras esperaba que me lo sirvieran procedí a soplar el globo. Para mi susto y asombro observé las caras de horror que pusieron mi mamá, mi abuela y mis tías cuando me vieron. No se por qué continuaron observándome espantadas; entonces de pronto se me acercó mi mamá corriendo y me preguntó alarmada que de dónde había sacado eso. “¿Eso, qué, mamá”? pregunté angustiada, no comprendiendo nada de lo que pasaba. Y todas ellas señalaban con los dedos  y los ojos pelados la bombita que yo tenía en la boca. “Pues eso, eso” gritaban todas al unísono. Cuando me dí cuenta que se referían a mi hallazgo, les contesté asustada que lo había encontrado en el cuarto de tío Eduardo. Creí que mi respuesta las calmaría,  pero inexplicablemente y para mi asombro no se por qué  me arrancaron el globito de la misma forma que  se agarra una cucaracha estripada, botándolo con inmenso asco en el pipote de la basura. Por último, y para colmo de mi  propio horror, tampoco entendí  por qué razón en medio de regaños inmerecidos, me llevaron casi en vilo y pataleando al baño, donde me lavaron  la boca con agua y jabón.







Caracas, 13.10.2005-2011 IMAGENES DE GLOBOS: Internet.




martes, 14 de febrero de 2012

HAIKUS DEL AMOR QUE PARTIO UN DIA DE ENERO



ENCUENTRO A LA LUZ DE LA LUNA  LLENA (WEB)





















La luna llena
iluminaba besos,
caricias tiernas.


Junto al mar de
una isla hermosa
y lusitana.

Fados cantaban
nuestro encuentro, amor.
Cantaban fados.


No me olvides,
me decías sin cesar,
pues yo te quiero.


¡Aquí, ahora.
Hoy, mañana, siempre
yo te amaré!

Lo creí, amor.
No puedo olvidarte,
mi bien, te amo.

Porque te quiero
tu recuerdo habita
en mi corazón.

Como el ave
que jamás abandona
el tibio nido.

Ni las notas el
pentagrama del autor
de una canción.

¡Cómo recuerdo
al amor que partió
un día de enero!

LUNA LLENA (IMAGEN DE LA WEB)
Caracas, 14 de febrero de 2012









jueves, 5 de enero de 2012

HAIKUS DEL OLVIDO LEJANO


URKIS-LLUVIA. DIARIO DE UNA VIDA.BLOG. WEB
Fuego y humo
hay en los tristes cielos
de mis recuerdos.

La fuerte lluvia
apaga los tizones.
¡El aguacero!

Ríos helados.
Nuevas cascadas frías
caen sobre mí.



Desaparecen
mis dulces sentimientos
¡Desaparecen!

Se evaporan.
No existen perfumes
¡Se han ido  ya!

¡Que se olviden
los aires del pasado
y nunca vuelvan!

¡Pues no los quiero!
Viejos recuerdos duermen
sin soñar jamás.

IMAGEN: WEB



Caracas, 4 de enero de 2012

jueves, 8 de diciembre de 2011

LOS CONTRATOS DE CONSTANZA SMITH

       La chica todavía no comprendía el motivo de la abrupta decisión de los directivos de la empresa al rescindir su contrato de trabajo, si justamente el día anterior uno de los gerentes la había felicitado por su gestión con un amable “good job”.  Todavía le  faltaban varios meses para terminar su convenio de trabajo por un año ¿Por qué razón entonces las inesperadas órdenes recibidas desde Noruega esa mañana de cambiar  el perfil del cargo que  ella ocupaba, por el de un ingeniero de sistemas? Como resultado de esa decisión ella ahora bajaba por última vez las escaleras de la empresa europea. No podía creer que eso le estuviera pasando a ella, a Constanza Smith, si había hecho bien su trabajo, como  se lo confirmaron. 

Luego de la desagradable noticia, consideró que esa había sido una experiencia valiosa en su vida laboral y se dedicó a buscar  en Internet una nueva oportunidad en el área de información. Estaba segura que pronto la conseguiría, pero pasaron las semanas y la posibilidad de hallar trabajo se volvió cada vez más remota. Ya había acudido a varias entrevistas sin éxito alguno. Pero un día, su amiga Pachi le envió un mensaje por el celular, informándola de una nueva posibilidad de trabajo. Una empresa requería alguien con su perfil.  Entusiasmada  con la nueva posibilidad,  Constanza envió el Curriculum  a la dirección indicada y muy pronto la llamaron para una entrevista.
El día  de la ansiada reunión la joven se esmeró en su arreglo personal. Como era alta y delgada, lucía elegante con su traje azul y su pelo recogido. Los colores armonizaban con su piel  morena, dorada por el sol caribeño.  Siempre la acompañaba un discreto aroma floral que se esparcía a su paso.
La chica se presentó puntualmente a la hora acordada, realizó las pruebas a las que la sometieron y  salió airosa de ellas. Su felicidad fue total cuando le ofrecieron un contrato  por un año en la empresa textil González y Asociados. Sus oraciones habían sido escuchadas y la perspectiva de ascender  en el trabajo y en la vida la motivaban enormemente. Estaba dispuesta a vencer los obstáculos que surgieran en el camino.
Una mañana que se hallaba en su oficina vio llegar a un hombre de edad mediana alto y de muy buen ver. Caminaba de un lado a otro, asomándose por las puertas. Buscaba al Gerente de Tecnología. Al darse cuenta de la situación, ella saludó al visitante:
- Buenos días, señor. El ingeniero García no se encuentra en este momento, pero por favor, pase adelante y tome asiento que ya está por regresar.
En cuanto el recién llegado se acercó, la muchacha se percató que su carnet de identificación era dorado ámbar, código de color sólo destinado a los altos ejecutivos. Entonces el profesional amablemente  le extendió la mano mientras le decía:
- Mucho gusto, señorita, soy Renato González.
Al escuchar el nombre le contestó  en el mismo tono amable con el que lo recibió:
- ¡Ah, usted es el presidente de la empresa! Encantada, doctor González, mi nombre es Constanza Smith. Tengo poco tiempo en la compañía, y no recuerdo bien las fotografías de la directiva, sino sólo sus nombres.
            - Eso no tiene importancia, señorita Smith, lo importante es que ya nos conocemos. - Y continuó conversando con la nueva empleada hasta que regresó el gerente.

Cierto sábado por la tarde en el que Constanza paseaba por un centro comercial capitalino, se encontró nuevamente con el doctor González  y se saludaron animadamente.

- ¿Me acepta un café?- preguntó solícito el ejecutivo-  Allá hay una mesa vacía- dijo al señalar un rincón del local.- Y añadió - Espero que no tenga ningún inconveniente en aceptar.
- Por supuesto que no, doctor, sólo que no quiero interrumpir sus actividades.
- No se preocupe, Constanza, últimamente dispongo de suficiente tiempo los fines de semana.  ¿Y usted? Tampoco quisiera yo interrumpir las suyas.
-  No tenga cuidado, doctor González,  que también dispongo de tiempo. Gracias a Dios, ya terminé con mis diligencias.
Entonces se sentaron a  la mesa señalada  para acompañar el café con pasteles.  Y sucedió que a esta invitación siguieron otras.  Un almuerzo en algún restaurante cercano a la empresa,  uno que otro café al terminar la jornada laboral, y así se hicieron buenos amigos.
En una ocasión se encontró en el ascensor de la empresa nuevamente con él y se saludaron  como siempre. "¡Qué atractivo es, Dios mío", pensó ella. "Qué bonita voz tiene". De pronto el ascensor se detuvo y reinó la más absoluta oscuridad, producto de una falla eléctrica. Ella se asustó mucho y él trató de calmarla, mientras buscaba a tientas la alarma. Ella también hizo lo mismo, pero tropezó con él, tocándolo, en lugar del tablero. El cortocircuito corporal los sacudió esta vez a ellos. La cercanía en plena oscuridad les iluminó el alma. Sus bocas se buscaron para encenderse en un maravilloso intercambio de pasión. Entonces se hizo la luz, y ella se soltó del abrazo maculino para marcar el piso próximo y escapar por la puerta. Constanza se debatía entre la emoción del beso y de quién se lo había dado. ¡No tenía que haber sucedido, fue un error!- se dijo. – Mejor no lo vuelvo a ver. "¿Qué voy a ganar yo con eso? "¿Ilusionarme para luego sufrir un desengaño?" "No, eso no va a ocurrir". Y, decidida, evitó todo tipo de contacto  con Renato González. Incluso, utilizaba las escaleras cada vez que podía, pensando que de esta manera disminunía el riesgo de encontrárselo.
Pasó el tiempo, y aunque  trató de esconder sus sentimientos hacia Renato en los recovecos de su alma, éstos a menudo se escapaban para atormentarla. Y así pasó el tiempo.
Cierto día, el gerente le informó que debía presentarse en el Departamento de Recursos Humanos, pues la requerían  para algo relacionado con su contrato, le informó. Constanza  se extrañó, pues el contrato había sido firmado por un año, y apenas habían pasado seis meses. Recordó entonces el episodio del ascensor. "¿Sería algo relacionado con eso?"  "¿Qué habrá pasado? Con estos pensamientos, entró a la Gerencia de Recursos Humanos, donde la remitieron a Presidencia. Ella no comprendía. ¿Por qué ir a tan alto nivel para decidir su futuro en la empresa, si es que de eso se trataba?" Con estas interrogantes se anunció en la oficina del alto ejecutivo. Cuando, éntró a la oficina del señor González, éste le dijo:
- Buenos días señorita Smith, me alegra verla. ¿Cómo se encuentra? Tome asiento, por favor.
- Buenos días, señor. Yo estoy bien, gracias ¿Y usted? – saludó tímidamente, mientras se sentaba frente a él. Trató de mirarlo, pero bajó los ojos  para fijarlos en una estatuilla sobre el escritorio. El, atendió una llamada por el celular y cuando terminó de hablar, ella armándose de valor, levantó la vista y le preguntó:
- Dígame, por favor, doctor González ¿Qué estuvo errado en mi actuación en la empresa para prescindir de mis servicios?
Sorprendido, el directivo le respondió:
-No se preocupe, Constanza, que  no se trata precisamente de abandonar nuestra compañía el motivo de nuestra conversación. ¡No faltaba más! Todos aquí estamos muy satisfechos con su trabajo. Su actuación no deja nada que desear, al contrario. Lo que sucede es que quisiera proponerle un nuevo contrato. Pero, naturalmente, es usted  quien tiene la última palabra y decide si irse o quedarse.

 Y sucedió que, ambos, de mutuo acuerdo, lo firmaron seis meses más tarde en Caracas,  a los 24 días del mes de diciembre de un año estupendo, en vísperas de una maravillosa Navidad y un Año Nuevo promisorio de hermosos proyectos, brindando por ellos  en  la feliz compañía de parientes, amigos y de mucha, muchísima alegría.



©Caracas, 11 de diciembre de 2009, 2011.

Dibujo y foto: Web.