miércoles, 25 de abril de 2012

EN DIRECCION OPUESTA




Tomo rápidamente el metrobús en Santa Fe para dirigirme a la Plaza Venezuela, donde  pienso unirme a la Marcha de los Estudiantes en rechazo a la Reforma de la Constitución. Le indico al chofer mi destino, pero, para mi asombro,  éste toma la vía de Altamira, hacia el este, y no al oeste, que es donde se inicia la marcha.  Quizás ahora me tome un poco más de tiempo alcanzarla, porque  el tráfico es infernal; pero con el Metro, que  no enfrenta  los problemas de la superficie,  recuperaré el tiempo perdido. Luego de  estas reflexiones,  me siento detrás de una  joven pareja con sus niños.
Los observo. El hombre es moreno, de facciones regulares y ojos achinados. Las primeras señales de la madurez asoman en su cabeza. Supongo que no llegará a los 35 años. Ella es algo más joven que él;  tiene los  ojos también oblicuos, y una piel tan tersa como para hacerle propaganda a alguna crema facial. Lleva el cabello largo y teñido de rubio,  recogido con una gran  pinza. Me llama la atención el parecido de la niña, de unos seis años, con el padre; y el del chico, algo menor que la hermana, con la madre. Siempre me ha maravillado la sabia toma de decisiones  de la genética.
Los chicos, sentados frente a sus padres,  juegan, cantan  y ríen.  La muchachita lleva un lindo vestido morado con una flor amarilla estampada a la última moda. El pelo, crespo y alborotado, sujeto por un cintillo púrpura, salta travieso al ritmo de sus movimientos. La chica no abandona, para nada, ni su cartera ni su muñeca. El niño, con un impecable corte de pelo, viste  jeans azules y camisa verde. Ambos lucen  pulquérrimos por el momento.
Miro por la ventanilla  las apretadas y plomizas nubes. Me inquieta que vaya a llover durante la marcha, pero, al mismo tiempo me tranquiliza recordar que en experiencias anteriores el agua nunca fue obstáculo para el avance de las largas caminatas.
De pronto, el canto del muchachito llama mi atención. Se le une su hermana, y ambos interpretan una melodía, en la que, al finalizar con la frase “que se respete a los padres”, hacen una reverencia ante sus progenitores. Luego, la madre en un gesto sincronizado con  el de su hija, le limpia la nariz  cuando ella  le muestra los mocos. Los niños continúan jugando, parándose y sentándose sin cesar y alternándose entre ellos dirigir la diversión. En esta oportunidad le toca el turno al niñito, quien le dice a su hermanita:
   -Bueno, mira,  ahora juguemos a  que yo digo: “¡Uh, ah, Chávez no se va!”, y niego con mi dedo y tú dices, también al mismo tiempo, pero moviendo el dedo para arriba y para abajo,  “¡Uh, ah, Chávez sí se va!”.
El democrático juego me causa gracia; el padre sonríe, mientras la madre celebra con una carcajada la ocurrencia de su hijo. Los niños repetían alegres los consabidos estribillos, pero los interrumpen de pronto asustados por la presencia de los inseparables guardaespaldas de la lluvia: un repentino relámpago y un trueno descomunal. Los pequeños momentáneamente permanecen silenciosos, mientras observan tensos cómo la lluvia golpea con fuerza el vidrio de la ventanilla. Parecen admirar la violencia de la naturaleza. Entonces el metrobús - cuenta obligada del largo rosario automotor- se propara  frente a una obra en construcción. En ella tres palas mecánicas hacen su trabajo de movimiento de tierra coordinadamente. Esto llama la atención de los hermanos, quienes  ahora observan fascinados y con las caritas pegadas a la ventanilla,  los lentos, pero seguros desplazamientos de los “robots” con su pesada carga.
Mientras esto ocurre  noto extrañada que ninguno de los dos adultos  se ha dirigido la palabra durante todo el trayecto y deduzco que quizás estén disgustados. Veo la hora: las 11:45. La marcha ya debe ir lejos, me digo calculando en cuál estación del Metro debo bajarme para unirme a ella. Busco en la cartera un caramelo para distraer mi ansiedad. Veo la interminable cola parada, mientras los peatones cruzan rápidamente la calle. Vuelvo entonces a ver a mis vecinos y la incomunicación continúa: no cruzan ni siquiera una sola mirada. No se por qué imagino que la hipotética pelea podría haber tenido como protagonista a la infidelidad, pero no  precisamente por parte de la amorosa y atenta mamá.  Bueno, uno nunca sabe, pero no creo que pueda ser ella. Debe ser el marido, más bien. Bueno, eso es cosa de ellos, concluyo.
Arrecia la lluvia. Me cercioro de no haber olvidado mi paraguas. Miro otra vez mi reloj. Ya casi es mediodía. ¿Por dónde irá ya la marcha? Me bajaré en la estación de Colegio de Ingenieros. No, mejor en Bellas Artes. ¡Bueno, ya veré!  Afortunadamente, ya casi llegamos al terminal de pasajeros de Altamira.
Empieza a formarse la fila para salir. La gente se aglomera en las dos  puertas del bus, sacando sus respectivos paraguas. Yo también me levanto para hacer la cola y veo a la madre de los niños tomarlos firmemente de la mano, mientras se dirige presurosa hacia la puerta delantera. El padre, no obstante la prisa de su mujer, permanece todavía sentado. Entonces, cuando me dispongo a  salir por la puerta trasera, el joven bruscamente se pone de pie y se me adelanta. Pienso que  se apresura a bajar por esa puerta  para ganar tiempo y encontrarse luego con su familia en la estación cubierta del metrobús. Pero, una vez abajo, él corre, cubriéndose  la cabeza con la chaqueta, hacia la entrada del Metro. Mientras,  la mujer y los niños siguen su camino bajo el aguacero, perdiéndose entre una multitud de paraguas, justamente en dirección opuesta.



©Myriam Paúl Galindo - Caracas, 28.10.2007

Imagen tomada de Internet

EN OCASIONES VEMOS LA VIDA BAJO UNA MASCARA.



sábado, 14 de abril de 2012

HAIKUS DEL RECUERDO, LA LLUVIA Y LOS PAJAROS






Los sueños rotos
en mi vida vacía
me sobrecogen.

Lluvia perenne
de los recuerdos idos
bajo las aguas.

Pantanos borran
la nitidez del tiempo
en confusiones.

En confusiones
que traen mis lágrimas.
¡Pasados idos!

La lluvia vela
mis lejanos amores;
Las aves cantan.

El viento entra
por mi ventana triste,
color diamante.

Una luz brilla
sobre las nubes grises.
Rayos asoman.

Ya llueve menos,
cantan los pajaritos,
alegra el viento.

Veo destellos.
Lindos trinos escucho
en mi ventanal.

¡El sol calienta!
Tibios nidos cantores,
las ramas mecen.





LA VIDA ME PINTA TRISTEZAS Y ALEGRIAS


Imágenes: WEB

Caracas, 14 de abril de 2012 

lunes, 2 de abril de 2012

TURBULENCIAS



En el Aeropuerto de Schwechat, los pasajeros de Austrian Air Lines entregaban sus “Boarding Pass” a la azafata, que amablemente les sonreía a la entrada del vuelo 821 con destino  a Estambul, dándoles la bienvenida a bordo. Ya dentro de la cabina, cada uno buscaba su ubicación, mientras las aeromozas  ayudaban a sentarse a las personas ancianas y a las madres con sus bebés. 
-Buenas tardes, señorita - saludó  el joven pasajero, un poco tenso, a la chica que se encontraba en la fila B-1  y continuó diciendo: Tengo el  asiento A-1, pero la señora que lo ocupa, está renuente a dármelo. Así que me propuso el cambio.
 -Bueno, señor, si hizo el cambio, por supuesto que éste lo ocupará usted- contestó la chica, impaciente, mientras extraía de la cartera  un frasquito de pastillas.
         El joven asintió, sin comprender todavía por qué tenía que haberle dado explicaciones a la chica si ella no tenía que ver con ese cambio de asientos, y trató de sonreír mientras colocaba su equipaje de mano en el compartimiento. Observó que su compañera de viaje era muy linda. Muy elegante, pero llevaba el pelo tan despeinado, que no importaba, seguramente, que el aire acondicionado  jugara con   él a su antojo.
          La muchacha, a su vez, admiró el perfil del chico. Parecía un efebo, o un joven romano, por ahí iba; lo único que no le gustaba era esa barba tan sucia y tan de moda, de apariencia descuidada.
         -Buenas noches señoras y señores …- Se oyó la voz de la azafata, luego del despegue de la nave, mientras procedía a  explicar  las medidas de seguridad sobre los chalecos salvavidas en caso de emergencia, normas que algunos veían con cierta aprensión. Luego, se comenzó a escuchar el tintinear de los aperitivos, y más tarde el rico aroma  de la cena.
  Cuando todos los pasajeros disfrutaban de la comida, la nave de pronto se hundió en un vacío que, alarmó a los pasajeros. Algunos bebés  se despertaron; se oyeron voces de alarma en varios idiomas.
   -¿Qué pasa? preguntó la chica, a su compañero de viaje.
    -No se, pero no debe ser algo preocupante, por favor,  tranquilícese.
Se encendió la luz de “FASTEN SEAT BEALTS”.  Las azafatas iban de un lado a otro, atendiendo a los pasajeros. Entonces se oyó la voz del Capitán de la nave, quien trataba de calmar a la tripulación:
    -Buenas noches estimados pasajeros, les ruego, por favor, mantener la calma. Nada anormal ocurre dentro de la nave. Se trata solamente de turbulencias y vacíos muy propios de esta ruta hacia Estambul.
         -De pronto, una nueva turbulencia sacudió a la nave, esta vez tan violenta, que arrancó gritos de angustia a la tripulación, pues la comida se derramó y las bebidas se volcaron. La chica se sujetó a su compañero de asiento, y los pasajeros se movieron inquietos en sus asientos.
         -Traten de mantener la calma, por favor, -continuó diciendo el Capitán de la nave-  ya estamos saliendo de la zona de turbulencias. Calma, por favor, y manténganse en sus asientos. Ya estamos saliendo, no hay más turbulencias fuertes; quizás se presenten algunas menores. Buenas noches y descansen.

-             El susto le quitó el apetito a los tripulantes, y también el sueño. Pasada la angustia,  los dos compañeros de viaje entablaron conversación.  Ella era periodista; cubría las noticias del  Europa Oriental, Asia y el Medio Oriente para un periódico venezolano, y había hecho escala en Viena . El, residía en Alemania y trabajaba como ingeniero de computación, en una empresa de telecomunicaciones, dando entrenamiento a varias empresas internacionales.  Por coincidencia habían llegado al mismo Vienna Intercontinental Hotel, pero no se cruzaron, mientras estuvieron hospedados allí. Ellos hablaron de sus respectivos trabajos, compartiendo  algunas de sus experiencias, pero no intercambiaron ni  direcciones ni teléfonos. Luego se separaron y cada uno volvió a su país de origen. Mónica lamentó siempre no haberlo hecho, pero si Klaus no se lo había preguntado durante todo el viaje, ella no consideró apropiado solicitárselo. Ambos se perdieron en la aduana de Estambul con destinos diferentes.

PLAZA SYNTAGMA O DE LA CONSTITUCION,
ATENAS
-            Pasó el tiempo y una noche el viento  se divertía alborotando el cabello de una joven que paseaba por la plaza de La Constitución en Atenas. De pronto, ella detuvo el paso cuando escuchó que la llamaban. Pensó que su soledad la hacía desvariar. Pero, no. El viento le trajo nuevamente el sonido de una voz masculina, pronunciando su nombre. Julieta se paró en medio de la plaza, buscando quién podría pronunciar su nombre en un sitio tan lejano. No, sin duda sería otra Mónica. Y siguió su camino pensando en cuántos millones de homónimas tendría en los distintos puntos de la tierra. Sin embargo, continuaron llamándola y quien lo hacía era una voz masculina cada vez más cercana adonde ella se encontraba, entonces atemorizada, apresuró el paso.
-            -¿Quién me conoce aquí en Atenas? – se preguntó- esto es imposible: fue la casualidad la que me trajo a la capital griega. No conseguí un vuelo directo a  Bagdad, y hubo que hacer escala en Atenas…
-¡Mónica, Mónica,  detente por favor!
La voz jadeante de Klaus, la hizo pararse en seco. El chico jadeaba, en su esfuerzo por alcanzarla.- ¿Qué haces en Atenas, si puede saberse? Preguntó asombrado. ¿No me recuerdas? Viajamos juntos hace unos meses. Ante el desconcierto de la joven él se disculpó. La había visto en el Hermes Hotel cerca de la Plaza Syntagma... y te seguí.
Mónica sonrió y dijo confundida: 
- Hola, claro que recuerdo... ¡Imagínate, me seguiste...! Bueno, yo... Mi vuelo, por motivos de seguridad, hizo escala aquí, y mañana continuamos viaje hacia Bagdad- explicó  todavía desconcertada por el inesperado reencuentro.
-Pues celebremos  esta maravillosa casualidad –dijo el chico emocionado al ver  los juegos que a veces nos hace el destino.
Y así, se fueron a celebrarlo al Puerto de El Pireo. El ouzo los acompañó toda la noche, indiscreto, junto a la cena. A esta siguieron muchas citas en diversas partes del mundo. Un avión llevaba a otro: cuando no coincidían en sus viajes y uno se preparaba para dormir, el otro se levantaba al otro extremo del globo. Por fortuna ahora las comunicaciones funcionaban cada vez mejor: Skype les permitía verse, cuando no podían hacerlo en persona. Y así, pasó el tiempo...

          Hasta que una tarde  una   Iglesia  caraqueña brillaba llena de flores, y plantas tropicales. La gente se arremolinaba a la entrada,  pues iba a celebrarse un maravilloso acontecimiento. Llegaron los invitados; y luego de una larga espera, al compás del  Ave María, hizo su aparición la novia, hermosa en un atuendo que no disimulaba la dulce espera. El novio la aguardaba, impaciente, al pie del altar, muy elegante, con la  barba  cuidada, arreglada para la ocasión.
IMAGENES TOMADAS DE
LA WEB

Caracas,  01.08.2005



lunes, 19 de marzo de 2012

¿QUIÉN ANDA POR AHÍ?

                                      


En la playa, junto a un grupo de palmeras que regalaban sombra y alimento, una muchacha  atesoraba ilusiones.  A  intervalos, miraba  el  reloj  pulsera.  David le había dicho que estaría allí bien temprano. El era puntual, así que esperaría tranquila. Ese domingo no tenía guardia en el hospital, pero en caso de alguna emergencia, estaba segura que  él  se lo comunicaría por el celular.

Mientras  lo esperaba, la chica dejó vagar los ojos por la playa y se fijó en una casa de bahareque, abandonada  y casi cubierta por la maleza. Las matas de malanga cubrían la vivienda, la playa,  y casi  se adentraban en el mar. El verde salvaje confería un aire íntimo y misterioso a la morada, que, a juzgar por su aspecto en ruinas,  hacía ya mucho tiempo no albergaba a ningún ser humano.

       - ¿Sola tan temprano, Matilde...o esperas al "Dr. House"?    
               La chica, aunque se encontraba de espaldas,  reconoció la voz fuerte e   impostada del antiguo novio. A pesar  de que hacía más de un año que habían  terminado la relación, no dejaba pasar la oportunidad de  molestarla cuando se la encontraba.
                
          -Eso no te interesa, Chúo. Por favor, te lo ruego una vez más. Déjame en paz, por favor.
    
         -Sí, lo haré ahora, pero sólo porque  la patrulla pasará a recogerme dentro de unos minutos – dijo el policía, al dar unas ligeras palmadas al arma de reglamento -. Ahora,  eso no quiere decir que te me  vas a escapar. No permitiré que ningún mediquito  de hospital con barba y aires de científico, venga a apartarte de mi lado. ¿Está claro... Mi Amor?- recalcó, mientras se ajustaba los pantalones, al  alejarse. 
    
         Al verlo cruzar la calle y subir al vehículo policial, la chica respiró aliviada. Hacía cinco años ella había estado muy enamorada de  Arquímedes, pero se cansó de sus infidelidades. Ahora amaba a David, alguien diferente que la valoraba y la quería  de verdad. Lo había  conocido en la emergencia del Hospital Central, cuando ingresó con aquel terrible dolor y le diagnosticaron una  apendicitis.  Luego de la intervención quirúrgica, mientras estuvo hospitalizada, el chico siempre se mostró muy atento con ella. "Claro, él es mi médico", pensaba Matilde, y no le dio importancia a las continuas visitas. Sin embargo, una vez que la dieron de alta, David  fue a verla muchas más veces a su casa, según él,  para hacerle seguimiento al post operatorio.  Entonces Matilde comprendió  que ambos estaban tan enamorados que ya  nadie podía separarlos. Ahora hacían  planes para la boda.  
    
           En eso pensaba cuando a lo lejos divisó a David, que venía de prisa hacia ella. Siempre que lo tenía ante sí  era  como una primera vez. Sus cuerpos se estrecharon felices. Luego, el mar y la arena en pícara complicidad, acariciaron  sus cuerpos, y el sol abrasador contribuyó a elevarles la temperatura: Besos, abrazos, caricias. Retozaban felices en el mar, mientras redescubrían sus sinuosidades. Y fue entonces cuando  la pareja encaminó pasos presurosos hacia la casita de bahareque,  y le pidieron a la humilde morada,  un poco de intimidad y de protección, sin importarles apenas que la caña brava  luciera algunos agujeros en las paredes.

        Las alimañas y una gaviota con el ala fracturada, a la que apodaban “El Náufrago”, fueron sus compañeros durante la maravillosa entrega. Los arrullaba el mar con su eterno vaivén y la brisa refrescaba a ratos los cuerpos  sudorosos, hasta que, al fin, luego de un delicioso batallar,  el bienestar invadió a los exhaustos jóvenes. Luego vino el descanso y el sueño reparador. El oleaje arrullaba y la brisa refrescaba su amor.

         Pero, de pronto se quebró la intimidad. Fuera del cobijo se sintió el ronronear de un motor. La pareja, aún bajo el embrujo del abrazo, contuvo el aliento. Luego sintieron que alguien curioseaba por las aberturas, fisgoneaba. Entonces, inquietos, y todavía abrazados, se hicieron a un lado y escucharon el chirriar de la puerta sedienta a grasa, seguido de unos pasos lentos y pesados. Una voz atronadora relampagueó en la penumbra:
                             
              -¿Quién anda por ahí?

         Entonces, por toda respuesta, desde el fondo de la vivienda se escuchó un ruido sordo. Y de pronto, "El Náufrago", sobrevoló como pudo, con el ala rota, hasta el uniformado, para dejarle caer encima la carga líquida y maloliente, con la que lo esperaba.



Playa El Agua - Margarita (Imagen Web)














   Caracas, febrero - marzo 2012


          

miércoles, 7 de marzo de 2012

OTRA VEZ SABANA GRANDE ME CONFUNDE


En mi crónica “Sabana Grande, Bulevar General del Sur” (08.11.11), comento la gran impresión que me causaron las obras de restauración efectuadas en el boulevar: la ampliación de las aceras en beneficio del peatón;  la variedad de columpios, toboganes y aparatos de diversión para los niños. No me queda más que aplaudir también la excelente idea que tuvieron los responsables del proyecto de restauración,  de exhibir  doce  bellas esculturas de artistas venezolanos. (Proyecto de Rehabilitación INTEGRAL BULEVAR DE SABANA GRANDE. EJE PATRIMONIAL, llevado a cabo por PDVSA-La Estancia, el Gobierno del Distrito Capital y la Alcaldía de Caracas).

Sin embargo, a pesar del estupendo trabajo  realizado por las instituciones antes señaladas, opinaba y aún lo sostengo que Sabana Grande luce triste y gris durante el día. Sólo el peatón y alguna música salida de las tiendas escondidas, contribuyen a alegrar un poco el ambiente. Se han eliminado casi en su totalidad lo anuncios en los negocios que le daban vida al boulevar. La palidez de las paredes de las tiendas, el concreto de los bancos, separadores de calle y  los paraguas blancos en grupos de a tres que adornan el boulevar, contribuyen a entristecer el ambiente.
Ahora bien,  lo que quisiera comentar esta vez fue otra  fuerte y contradictoria impresión que recibí hace una semana, cuando volví a pasar por Sabana Grande, un poco tarde, casi a las seis. Lo que presencié  fue digno de un espectáculo del Imperio:
.
Al caer la tarde, empezaron a iluminarse las “lámparas” blancas tipo paraguas  invertidos, mientras de los altoparlantes ubicados justo en su apertura, salían los acordes de una música celestial, en la que se entrelazaban  maravillosamente los trinos y los arpegios. Los colores hermosísimos  de las sombrillas iban del verde al azul, luego al morado,

al naranja y al blanco, cambiando al ritmo de la música, en forma casi mágica. Yo no podía creer lo que veía, pero afortunadamente llevaba mi cámara y pude tomar las vistas que aquí les ofrezco.

Reconozco que me quedé tan fascinada viendo el espectáculo mientras recorría el bulevar, que me costaba avanzar. No alcanzaba a comprender  tal demostración de lujo y  belleza. Me sentí  muy confundida. ¿Por qué entonces, al mismo tiempo prohibirían la publicidad de las tiendas? No quisiera pensar que sea algo parecido a la determinación del sistema comunista chino que piensa que "no hay nada más peligroso que una minoría que disfruta de artículos que la gran mayoría sólo puede ver en la publicidad. Y para atajar el problema, ha decidido prohibir los anuncios"... (Raquel Villaecija. El Mundo.es 04.04.2011).
 
Quisiera más bien pensar que se trata de blanquear las paredes para resaltar el efecto de los paraguas cuando  se encienden por las noches. Por supuesto que la iluminación es  sumamente necesaria en una zona tan insegura.  ¿Pero por qué tanto lujo energético a una hora en la que casi todo el mundo se recoge en sus hogares por miedo  al hampa desatada? ¿Quiénes se atreverían a pasear por Sabana Grande durante la noche, cuando allí  no existe vida nocturna alguna y los negocios cierran temprano? ¿Es que acaso no es la Violencia quien se pasea por las calles caraqueñas, haciendo de las suyas? ¿Cómo entender ese fasto luminoso, cuando sufrimos apagones a cada momento en la Venezuela que vivimos? ¿Por qué, repito, ese gasto  de electricidad -aún con bombillos ahorradores de energía, si es que los utilizan- cuando existen miles de protestas por esta causa, tanto en el interior del país como en  Caracas? Muchas calles y autopistas permanecen como bocas de lobos. ¿Nos querrán alegrar la vida, haciéndonos olvidar nuestros pesares, aunque sea momentáneamente al trasladarnos a un mundo lleno de luz, tipo Disney World, a los paseantes vespertinos de Sabana Grande?

Mientras, los alimentos se pudren y campea la escasez de cientos de rubros, de medicinas. Hay un gran déficit de viviendas  y de empleos. Pululan las invasiones. Nadamos en un mar de vicisitudes.  ¿A quién pretenden deslumbrar? Al observar el espectáculo del hermosísimo juego de luces, no pude menos que pensar que  lo que veía no se compaginaba en absoluto con nuestra realidad: habitamos un país triste; muy rico, pero, paradójicamente muy pobre. Nos angustian las expropiaciones, robos e invasiones que actualmente se llevan a cabo en nuestra capital y en el interior del país. Los homicidios nos asustan. Desde los cuatro puntos cardinales de Venezuela surgen protestas, descontentos por éstas y muchas otras causas. Ahora, por si fuera poco, el gravísimo problema ocasionado por el derrame petrolero de Pdvsa en el  Río  Guarapiche, del Estado Monagas, uno de los accidentes ambientales más grandes de la región y del mundo.
¿Cómo se explica, repito,  ese lujo en una Venezuela llena de necesidades y de corrupción? Basta citar el vergonzoso caso del Fondo de Pensiones de Jubilados y Activos de Pdvsa,  fraude cometido por parte de Francisco Illarramendi, administrador de Pdvsa y del que él mismo se declaró culpable (Nuevo Herald, 08.03.2011).


En medio de una confusión que no alcanzaba a comprender, y cavilando sobre el increíble espectáculo que acababa de observar en el boulevar,  regresé a mi casa.  La conclusión a la que llegué después de mucho pensar sobre el contraste de mi experiencia de esa tarde, fue que los venezolanos deberíamos tener un equilibrio armónico de bienestar general; de una buena calidad de vida, no de caos y confusión, pues, como  se dice, no se puede tapar el sol con un dedo.
Por la noche, prendí el televisor  dispuesta a despejarme un poco y entonces vi -¿por casualidad?- un documental sobre la Rusia Bolchevique,  filmado justamente en la época de la dictadura de José Stalin, en la que se narraban y mostraban  los horrores sobre los atropellos, opresión y persecuciones de los que fue objeto el  pueblo ruso. Al final del  mismo documental,  se mostraron también escenas de unos números musicales hermosísimos con chicas suspendidas en el aire que parecían volar sobre un escenario lujosísimo, fastuoso. Entonces el narrador comentó que... "bajo el régimen estalinista se mostraban espectáculos hollywoodenses para que la gente creyera que todo iba bien”.
















Caracas, 3 de marzo de 2012

jueves, 1 de marzo de 2012

HAIKUS DE LOS CORCELES DEL AMOR

IMAGEN DEL AMOR (WEB)

Miro a través
de los cristales rotos
de mis recuerdos

tu rostro en paz,
pues duermes junto a mí.
Descansa, amor.

Aún resuenan
los trotes de corceles
en mi cintura.

Viajes, partidas.
Mil idas y regresos
juntos, mi vida.

Es la única
contienda que el Amor
desea medir.

Tú me venciste.
Yo te derrumbé, cielo.
Estamos en paz.



Caracas, 29 de febrero de 2012