sábado, 16 de noviembre de 2013

LA APUESTA

                                    Otoño en München. (Foto tomada de la Web)
       
     Atardecía y los árboles rojizos, ocres dejaban caer sus ya escasas vestimentas para  exhibir su desnudez. Los transeúntes pisaban las hojas caídas; los niños jugaban con ellas. Las pisoteaban o soltaban al viento.
       Karl caminaba cabizbajo por la acera con las manos metidas en los bolsillos del abrigo. Observaba a ratos a los pequeños y se veía a sí mismo correteando entre ellos. De esos felices años sólo quedaba el recuerdo. Ahora lo perseguían las preocupaciones. Había amado mucho a Gerda y durante cinco años habían sido muy felices, luego el matrimonio empezó a resquebrajarse: ausencias prolongadas de uno y de otro. Viajes de ella en la firma Kamila, donde trabajaba de modelo, y los suyos en la empresa textilera en la que prestaba sus servicios como ingeniero. Karl había deseado hacer crecer la familia, pero su mujer parecía  no haber tenido el mismo entusiasmo que él. Ella demoraba siempre el plazo anual para retirarse de la empresa y dedicarse a la maternidad, según lo habían acordado antes de casarse. Las colecciones y los desfiles para cada estación eran sus cómplices en una espera que se alargaba y ponía en peligro la estabilidad familiar. Ahora, él caminaba solo, entre la gente, esa tarde otoñal. Pensaba en el divorcio que acababa de firmar los primeros días de octubre. Wie shade!, dijo en voz alta y acompañó la expresión de lástima con una sonora palmada  sobre el muslo. Ahora se dirigía al Keller a reunirse con los amigos que le esperaban en el local para tomar unas cervezas.
      El sótano atestado olía a salchichas, frituras y a cigarrillos. La densa niebla de nicotina, al entrar en el local, impidió a Karl ubicar a los colegas, pero una vez acostumbrada la vista a la semoscuridad reinante en el local, los vio, al fin, sentados a una mesa ubicada en el rincón favorito, y donde se reunían siempre que los demás comensales se lo permitían. Entonces se dirigió hacia ellos y los encontró enfrascados en una animada discusión, por lo que  se obvió el saludo habitual.
-          ¿Tú qué opinas, Karl?- Preguntó al verlo llegar, Oka.
-          No se de qué hablan. Primero explíquenme, por favor- contestó sentándose a la mesa.
       -   ¿Serías capaz –continuó Oka- de escribir, a través de un anuncio de prensa tu necesidad de buscar pareja,  describir quién eres -un próspero profesional, por supuesto, con situación económica holgada, etc. etc.-,  para lograr relacionarte,  de esta manera,  con una  chica desconocida?
   -   Eso es muy triste… – comentó Hans.
   -  Deja hablar a Karl, por favor- Interrumpió Oka.
       - Vamos, amigos – Replicó el recién llegado- yo pienso que buscar pareja es bueno como sea: dice Maquiavelo que el fin justifica los medios. Yo estoy de acuerdo con él, al menos en este caso específico. Pero, creo que si conoces a la chica primero, luego se convierte en tu amiga y después viene todo lo demás, pues mucho mejor. Y no pienso como tú, Hans, no creo que sea triste publicar un anuncio en la prensa para relacionarte con una chica. Por supuesto que sobre esto existen muchas opiniones. Todo depende de nuestras percepciones al respecto. Yo no le encuentro nada malo. Es, a mi juicio, otra forma más de relacionarse.- Dijo Karl,  antes de tomarse una buen trago de cerveza, y sentado ya a la mesa junto con sus amigos.
       La discusión sobre el tema  continuó entonces por un buen rato y, por fin, los amigos llegaron a una conclusión: harían una apuesta. Aquel al que apuntase la botella de cerveza que harían girar, escribiría un anuncio de prensa para solicitar amistad con una chica. Luego, para hacer más interesante la situación, acordaron publicarlo en un país extranjero. Oka sugirió que se enviara a Venezuela por muchas razones, entre ellas: según los resultados de los concursos de belleza mundiales, allí habitaban mujeres muy lindas, morenas, rubias, pelirrojas,  y también porque  son muy inteligentes, a juzgar por las respuestas a las preguntas que les hacen en esos eventos de belleza. 
     Sin subestimar a las demás mujeres del mundo, que también lo eran, decidieron que fuese  en ese país suramericano, pues Manfred uno de los ingenieros de la empresa se encontraba justo en Venezuela por un tiempo, debido a que inspeccionaba maquinaria  textil industrial en las fábricas del interior del país. Quizás su estadía allí  facilitara la publicación del anuncio, ya que estaría familiarizado con los diarios locales.
       Acordaron también los amigos, entre cervezas, salchichas y la alegría de un prometedor fin de semana, que si el resultado era positivo, el ganador y su pareja serían obsequiados con una fabulosa cena en el restaurante que ellos eligiesen. De ser negativos los esfuerzos del amigo, éste obsequiaría la cena, en igualdad de condiciones a TODOS  los presentes. El plazo fijado sería de cuatro meses, período más que suficiente,  para observar los resultados de la apuesta.

      Entonces se hizo girar la botella con la misma seriedad que imparte el crupier a su trabajo en la ruleta del casino y, también con la misma emoción de los jugadores que esperan detenerse la rueda en el número apostado; sólo que en este caso, lo que estaba en juego era una aventura  que no todos tenían  espíritu para emprenderla.
        En medio del casi infantil suspenso, la botella se detuvo ante Karl. Al ver la punta del frasco, señalándolo, el joven soltó una carcajada. ¿Por qué no reír? Hasta le servía  de un poco de catarsis. Después de los desagradables momentos vividos antes de su divorcio, esto no dejaba de distraerlo un poco. Brindaron esta vez los amigos con vino blanco de la temporada por el éxito de la apuesta.
Playa de Isla de Coche, Venezuela. Tiempo Libre (Web)
     Sobre la playa ancha y plateada, suave al tacto y sombreada de cocoteros, retozaban los niños ante la mirada atenta de las madres. Los isleños, solícitos, ofrecían sus paseos en los peñeros a las islas vecinas. Cerca de un grupo de palmeras, dos muchachas conversaban .
       -          ¿Viajas por fin a Europa, Eva?
 -          Sí, Clara. Ya se ha aprobó mi curso en Amsterdam y salgo a fines de mes.
      -    Bueno, creo que si dejamos a un lado la parte profesional, te viene muy bien este viaje, luego de tu ruptura con Eugenio. Te ventilarás un poco, cambiarás de aires.
      - No te creas que me ayudará mucho, pues el problema viaja conmigo, pero al menos me distraeré un poco. ¿Sabes, Clara? Estoy cansada de amores a plazos, por cuotas.
        - Yo te lo dije bastante, tu enamorado no era un hombre libre. Las consecuencias se veían venir. Sólo que tu terquedad no te dejaba ver la realidad. Hasta que, como es lógico te cansaras. Ninguno de los dos iba a ningún lado.
        - No creas que estaba tan ciega, sólo que él me gustaba mucho y la soledad, dicen, no es buena compañera y mucho menos consejera. Pero, basta ya -como te dije- de amores por cuotas. Necesito un hombre a tiempo completo.
            - ¡Vamos, amiga! Pides demasiado. Hoy en día eso es muy difícil.
          - No, no creas, Clara Esta mañana vi. un anuncio en la prensa de un alemán que solicita pareja, bajo el título de “DAMA BONITA”. Dice que es ingeniero, divorciado, y que desea establecer primero relación amistosa con chica venezolana. Fíjate que señala que en principio sólo es amistosa la relación. No menciona nada más.
          -  ¡Por Dios, Eva! Eso dice él: Amistosa ¿Qué sabes tú qué intenciones tiene ese  extranjero? No me vas a decir que, como una adolescente vas a responder ese tipo de avisos.  Eso es peligroso, muy peligroso. Tú no sabes quién es la persona que escribe, y para colmo extranjero. Cuántos problemas  han surgido por esa causa, por no saber...
      - Espera, espera. Déjame que te explique. No creas que no soy consciente del riesgo que esto conlleva, pero, no se por qué tengo una corazonada de que esto va a funcionar. No creo que el buscar pareja a través de un diario sea errado. En cosas del amor, todo está permitido. – Y diciendo esto, hurgó en el fondo de su bolso, hasta encontrar el anuncio del periódico.-  Mira, dice que es un profesional serio,  que le gustan las morenas o las rubias hasta los 35 años.  Yo estoy en el rango, además, asegura que “para dedicarme a ella por completo”. No es por nada, Clara, pero me parece divertido. Presiento que todo irá bien, tranquilízate, amiga.
     - Bueno, allá tú. Ya te di mi opinión. Insisto en que además de peligroso es tristísimo. Una persona que tiene que acudir a un anuncio en un diario para conseguir pareja ¡Por favor! Así será el tipo, cuando  en persona no puede  atraer a ninguna mujer de su entorno.  ¡Imagínate! ¿Cómo será? Un adefesio, imagino.
     - Pues yo no lo veo así, amiga. Yo respeto tu percepción sobre este asunto y lo respeto. Siempre has sido mucho más precavida que yo, lo reconozco.  Sólo que yo tengo otro punto de vista.- Luego, la chica dio por terminada la discusión y, se levantó para ponerse a la sombra de unas palmeras, e invitó a Clara a no llevar más sol, y le advirtió a su amiga  que llevar mucho sol sí era peligroso, no buscar el amor.

      El curso sobre talla de diamantes en Amsterdam había concluido. Eva conoció gente de muchos países interesados, como Venezuela, en la talla de diamantes. Intercambió direcciones con sus compañeros y recopiló la información generada durante el evento. Ya en el hotel, hizo un borrador del informe que entregaría a la empresa.    Deseaba adelantar el trabajo y disponer con tranquilidad del fin de semana, únicos días libres que le quedaban antes de tomar el avión de regreso a Caracas, el lunes siguiente. Se sentía agotada. Desde que salió de viaje, todo había sido un constante girar de las ruedas del tiempo. Había preparado todo en la empresa,  en la casa y gracias a Dios, no se había olvidado de traer   también  consigo el aviso de prensa del ingeniero alemán que buscaba una “Dama Bonita en Venezuela”.
     Leyó una vez más el recorte y verificó la ciudad donde vivía el anunciante: Köln ¡Dios, que coincidencia! Estaba relativamente cerca de Colonia, desde Amsterdam. Pensó en tomar el tren, ver la ciudad y llamar por teléfono al ingeniero alemán, diciéndole que estaría allí el fin de semana. Verificaría en el hotel holandés la distancia por vía férrea entre las dos ciudades. De pronto recordó las palabras de su amiga: “Es peligroso. Es triste. Tú no sabes quién es ni qué busca”. Nunca he estado en Colonia - se justificó-. Es sólo un paseo, sólo eso. Y con estas reflexiones, metió el aviso con rapidez en la cartera.
       Al día siguiente partió en tren, tal como había planeado, hacia la ciudad alemana. Se hospedó en el Hotel Domstern y salió de paseo; la maravillaron la Catedral y el paso del Rhein por la ciudad. El paisaje que observaba con el paso de la corriente del río, parecía ratificarle lo acertado del viaje.
KÖLN (www.fotonostra.com)
      Al día siguiente bajó a desayunar muy temprano. En el buffet  seleccionó lo que más llamó su atención, guiada por su apetito mañanero. Con la bandeja de panecillos, mermelada y jamón se dirigió a una de las mesas próximas a los ventanales.

      - Buenos días. ¿El señor  Darko Svoboda se encuentra?
El recepcionista del Hotel Domstern verificó en el casillero y entregó al recién llegado, el mensaje dejado por su cliente. Este, sólo podría verle dentro de una hora. Había surgido una emergencia, pero estaría de vuelta en ese lapso. Entonces el hombre miró su reloj: eran las 8:30. Tomaría un café, pues ya había desayunado, y leería la prensa en la cafetería. Una vez sentado a la mesa, mientras sorbía la sabrosa infusión colombiana y revisaba el cuerpo del periódico dedicado a las finanzas,  el visitante interrumpió  de pronto ambas actividades. Su mirada, amparada por el diario, siguió de soslayo  la silueta de la dama que acababa de sentarse a la mesa vecina.    Era alta y morena. Hasta donde podía observar, también era muy bonita. Un mechón le cubría parte del rostro. Schöne Dame, pensó, atraído por su belleza. La verdad es que era una linda chica. Podía observarla a su gusto desde un ángulo sin que ella se diera cuenta, pues el diario le servía de pantalla. Entonces recordó aquel aviso enviado a su amigo en Venezuela, y de pronto le vino también a la mente que, en el texto, por un prurito tonto, se había puesto el apellido de la madre: Weishaare y no Meier, el apellido paterno.
      -     Su café, Fraülein.
     El mesonero colocó el servicio en la mesa de Eva, pero al hacerlo, éste deslizó sin darse cuenta al suelo el trozo de papel que  la muchacha había colocado cerca de la bandeja de las tostadas. El hombre que leía la prensa se dio cuenta de ello. Parecía un documento importante, pensó, y  presuroso se acercó para recogerlo.
  -     Señorita, este papel cayó de su mesa. Debe ser algo importante. –Dijo sonriendo, mientras se presentaba.- Mi nombre es Karl Meir. Mucho gusto.
     -     Ah, sí, muchas gracias, muy amable- contestó Eva, al tomar el aviso, que el comensal de la mesa vecina le entregaba. Y pensó "Dios, qué guapo es este hombre que se dirige a mí en perfecto inglés".
            .- No, en realidad no es nada importante, pero se lo agradezco de igual forma.
               -    ¿Está libre esta silla? Me gustaría invitarla a tomar otro café- dijo el joven  sin esperar a que la muchacha aprobase su  solicitud de compañía.
         -  Gracias, por supuesto que acepto su invitación a otro café. –Dijo sorprendida por la autoinvitación del recién llegado, mientras fijaba su mirada oscura en la azul  de su interlocutor. Se había olvidado por completo del objetivo de su viaje a Colonia. - Mi nombre es Eva Andrade y vengo desde muy lejos: de Venezuela. 

Caracas, 30 de mayo de 2013
                       
Este relato participó , entre 3.000 concursantes, al Premio Cosecha Eñe 2013, bajo el seudónimo de Mymi Nikokirula, celebrado en Madrid, España. El resultado de los ganadores y los finalistas fueron dados el 16 de noviembre de 2013, durante el Festival Eñe, en el Círculo de Bellas Artes de Madrid.









martes, 22 de octubre de 2013

HAIKUS DE LUCES DE LUNA




                                               Llevo el alma
                                               con hondas cicatrices;
                                               viejas heridas.

                                               Son los cráteres
                                               que abren al recuerdo,
                                               luces de luna.

                                               Sueños pasados,
                                               rotos como cristales
                                               de cien colores.
                                              Otros se suman
                                              y aún más profundos
                                              en nuestros suelos.

                                              Son los Demonios.
                                              Clavan puñales, dagas,
                                              dardos certeros

                                              Al pueblo joven,
                                              que solo, resiste a
                                              los verdugos

                                              de rudos golpes:
                                              el alimento falta,
                                              la luz, las luces.

                                              ¡Angeles, vengan
                                              con espadas divinas
                                              a quebrar el Mal

                                              que nos aqueja
                                              y cubre nuestro suelo
                                              tan indefenso.

                                              Que Dios ampare
                                              esta "Tierra de Gracia"
                                              donde nacimos!




Caracas, 22 de octubre de 2013
IMÁGENES: WEB







sábado, 19 de octubre de 2013

DEDALOS



     Hasta ese momento María había sido muy feliz. Todo se vislumbraba hermoso, promisorio. Ella y Juan habían preparado  todo para su boda que se había celebrado el mes pasado. Todavía recordaba las palabras que le dijo una amiga, cuando le dijo que se había casado hacía poco: "Estarás en las nubes, María" . Y ella sabía que era así, sin embargo, mientras flotaba en ellas, vino a su mente una frase de John Lennon, que más o menos decía así: "Vida es lo que le pasa a uno, mientras se hacen planes". Y de pronto una nube oscura se unió a las demás.

        Una tarde la María se encontraba en el Centro de Estudios de Tai Chi, donde desde hacía algunos años practicaba esta defensa personal. Quería calmar un desasosiego que la acompañaba desde el día anterior. Esa noche trató de distraerse con la lectura, pero volvió a colocar el libro sobre la mesa de noche; buscó una película en los canales de televisión y no la satisfizo ninguna. Decidió, por fin, tratar de dormir y le costó mucho conciliar el sueño. Cuando despertó, al día siguiente, era tal su tristeza que, por un momento creyó que se encontraba a la misma altura de una chiripa. Fue entonces, cuando tomó la decisión de irse al Tai chi.  Y ahora estaba allí sin poder concentrarse en los esquemas habituales de la defensa personal. Entonces  los interrumpió, sacó una botella de agua del maletín y salió al jardín a respirar un poco de aire fresco. Luego, volvió a la terraza, donde sus compañeros continuaban marcando los pasos lentos, pero seguros de la disciplina oriental y se sumó a ellos. Esta vez sin dificultad, pues de pronto, sin conocer la causa,  experimentó una sensación única de paz, mientras los ejecutaba. Era como si levitara y se perdiera, etérea, en la estratosfera, hacia el Más Allá. Y así, todavía temprano, en la mañana, ya tranquila, volvió a casa, luego de pasar por el supermercado.

     Era sábado, Juan había salido de viaje de negocios a comienzos de la semana,  y como la ciudad del interior a la que iba quedaba muy cerca del pueblo donde vivían sus padres, decidió pasar a verlos ese fin de semana. 

    María llamó a Juan a su celular, pero no respondió. El mensaje fue enviado al buzón; volvió a llamar y sucedió lo mismo. Esperó un rato e intentó comunicarse de nuevo, pero con igual resultado. Entonces  marcó el número de  la casa de los padres de Juan, segura de que ya, a esa hora de la tarde se encontraría almorzando con ellos. Pero la línea estaba ocupada. Intentó de comunicarse muchas veces, hasta que al fin lo logró, casi al anochecer.  Caminaba de un lado al otro del estar con el téléfono en la mano. Lo que escuchó  al otro lado de la línea  era, más que una voz, un murmullo entrecortado. María aclaró la suya antes de preguntar por Juan, y cuando al fin lo hizo, escuchó la de doña Adelaida, muy débil, por lo que se alarmó, y angustiada, preguntó qué le pasaba, y por fin, le pidió hablar con Juan. Entonces, la señora prorrumpió en un llanto incontenible, para  decirle, luego de muchas interrupciones:

     - Juan falleció esta mañana, querida... tuvo un infarto masivo. Intentamos llamarte, pero no te encontramos; se nos fue Juan. Lo encontramos en el salón con el celular entre las manos. Lo llamé varias veces y no me contestó... Ahora viene el médico forense. Vente ya, eres la esposa y hay que tomar decisiones que sólo a tí te competen. No puedo hablar más. ¡Dios mío, mi Juan, mi niño... ¡Vente ya!.

     Clics aterradores, repetidos, infinitos, retumbaron en el oído de la joven. El cuerpo era un témpano, mientras, el alma, erraba, vagaba sin rumbo, por dédalos oscuros y aterradores. 

     Velos negros cubrieron los días que siguieron. El duelo se apoderó de su alma durante meses, años. Y, todavía, María viste de negro.

      ¿Volverán a cubrirla, algún día, los  suaves tules de la ilusión?






Caracas, noviembre de 2005, octubre de 2013.
IMAGENES: WEB





lunes, 7 de octubre de 2013

APUNTES SOBRE UNA ENTREVISTA LITERARIA


NAPOLEON BACCINO PONCE DE LEON
CARMEN BOULLOSA



   El pasado 20 de octubre fui invitada por Roberto Lovera de Sola, crítico literario venezolano, a una exquisita cena en su casa para agasajar a los escritores Carmen Boullosa, de México y Napoleón Baccino Ponce de León de Uruguay. El gentil anfitrión también me extendió la invitación para el día siguiente, a una charla dictada por los escritores latinoamericanos señalados, en la Fundación Herrera Luque. Allí ellos narraron sus propias experiencias en el mundo de las letras. Ella es autora de varias novelas interesantes, entre las que se cuentan: “Los Hermanos de la Costa”, El Médico de los Piratas” y “La Milagrosa”. El autor uruguayo escribió  "Maluco"otra novela excelente.
ROBERTO LOVERA DE SOLA
      Roberto Lovera fue el  anfitrión y entrevistador de ambos escritores en la Fundación Herrera Luque. Sus preguntas fueron las siguientes:

 A)¿En qué momento comenzaron a ser   escritores?
 B) ¿Qué se hace para escoger un género de otro?
 C) ¿Cuáles son las técnicas utilizadas para escribir?

NAPOLEON BACCINO PONCE DE LEON
     Para Napoleón Baccino el ser escritor es un proyecto de vida; es una profesión en el sentido profundo de la palabra. –Comenzó diciendo que un escritor tiene que tener una formación académica y ser un lector de clásicos y modernos para poder compararse con los colegas actuales. 
    
    Cuenta Baccino que  en el Uruguay, uno de cada tres uruguayos tiene un libro publicado. En cuanto a su vocación literaria, manifestó que  siempre le gustó el género de la novela, pero que fue a los dieciocho años, mientras se encontraba leyendo en la Biblioteca Nacional cuando decidió ser escritor, novelista. Y refiriéndose a la novela, expresó que este género tiene una serie de particularidades: El cuento entra por una puerta y sale por  otra. En la novela, el escritor se instala con ella y la novela con el lector.

     Me gustó mucho la comparación que Baccino hizo de este género, cuando afirmó que “No puede ser una novela un sándwich, sino una suerte de banquete, donde cada uno escoja su alimento, de acuerdo a lo que esté necesitando” y añadió que el humor es un ingrediente esencial en la novela :“Hace las veces de pan o de vino. Limpia el paladar del plato anterior y lo prepara para el plato que sigue. No puede atiborrarse de pan ni de vino. Es cuestión de dosificación”.

     En cuanto a su novela “Maluco”, dijo que nunca antes de decidirse a escribirla a él le habían interesado demasiado los temas históricos, pero que un día, como señaló anteriormente, se encontraba en la Biblioteca Nacional y tuvo en sus manos un libro que mencionaba el viaje de Magallanes; desde entonces, comenzó a trabajar en ese proyecto.

    Narró Napoleón Baccino las dificultades que confrontó en su país para escribir su novela, debido a que había palabras prohibidas por la Dictadura, lo que hacía que los escritores no tuvieran libertad de expresarse, teniendo que cuidar el vocabulario que utilizaban. Es más, en esos años de la Dictadura los uruguayos debían ir a la policía a buscar su Fe Democrática, que los clasificaba en tres categorías:

     A) Democrática.
     B) Dudosa.
     C) Váyase del país.

    Contó que su obra, "Maluco",  la escribió en un escritorio pegado a la pared, sin ventanas. Entonces, la vistió de oleajes, simulando un mar que no veía.  Y añadió que el proyecto de esa novela le llevó cinco años realizarlo, desde su primera versión hasta su publicación. Durante veinte años no se parecían los resultados al proyecto, y como él mismo asevera, si el proyecto y el resultado no se parecen, algo anda mal.
    
CARMEN BOULLOSA
     Cuando  a la escritora mexicana, Carmen Boullosa, le correspondió responder sobre cómo había sido el momento en el que había comenzado a ser escritora, ella contestó que esa decisión la había tomado sin dudarlo, en una noche de insomnio. Tenía 16 años cuando sintió el llamado, como suelen sentir el llamado de Dios las religiosas. Entonces quiso entregarse en cuerpo y alma a aquella vocación que nació en una noche de desvelo. Se vio a sí misma escritora. Y agregó que un escritor se hace, no se nace. Para ella el escribir es un oficio de sabiduría y de humildad.

     En cuanto a su técnica, ella mencionó que acostumbraba recostarse en una sofá para construir la historia mentalmente. Respecto a esto, dijo riendo, que a ella le daba un poco de vergüenza con el señor que llevaba el gas a su casa, pues casi siempre la encontraba acostada  en el sofá,  pensando que quizás era una señora perezosa y jamás que ella, en realidad, lo que estaba era trabajando. Esta era la  forma como laboraba  la trama, luego la escribía. De esta manera nacieron sus novelas: "Mejor desaparece", "Llanto", "Los hermanos de La Costa", "El Médico de los Piratas" y "La Milagrosa".


Caracas, octubre de /1992?/

IMAGENES: WEB



     

sábado, 28 de septiembre de 2013

UN DESFILE DE MODAS FUERA DE SERIE


   Cuando vivíamos en Viena, nuestro grupo de amigos parecía una mini representación de las Naciones Unidas. Además de los austríacos que nos acompañaban siempre, había colombianos, griegos, españoles, peruanos, guatemaltecos y ecuatorianos. Luego, se sumaron algunas nacionalidades y se restaron otras, por eso de que cada uno volvía a casa de vacaciones o definitivamente.
     Recuerdo entre nuestras reuniones en la pastelería Aída o en casa, a una chica ecuatoriana, Valeria, de madre austríaca y padre ecuatoriano. Ambas vivían en Viena, luego del fallecimiento del  papá  de la chica en Quito.
    Siempre admiré la facilidad con la que Valeria manejaba la silla de ruedas de su progenitora, a quien nunca había visto caminar, pues cuando niña la señora Vallejo había sufrido la terrible parálisis infantil. La  chica conducía a su madre por las calles con la seguridad y experticia que le habían brindado tanto el amor como la práctica. Este hecho resaltaba, sobre todo, cuando abordaban algún automóvil. En un santiamén Valeria  colocaba a su mamá en el asiento trasero o delantero y luego doblaba con rapidez la silla de ruedas para meterla en la maleta. Así que pronto todo el grupo se familiarizó con la agradable presencia de la simpática señora, quien se integró sin ninguna clase de problemas a nuestras disparatadas reuniones.

     Una tarde se presentó en el  Hotel Vienna Intercontinental un desfile de modas de una casa alemana que exhibía los modelos para las estaciones de otoño e invierno. ¡Y la señora Vallejo nos invitó a todos a verlo! Muy entusiasmados nos dimos cita ese sábado a las cuatro de la tarde en el lobby del hotel. Luego, pasamos al salón que ya comenzaba a llenarse con los asistentes, periodistas y fotógrafos. Nos sentamos todos en primera fila; la mamá de Valeria, en su silla de ruedas se colocó a mi lado, justo al final de la pasarela. Y a las cinco en punto se inició el desfile de los modelos, porque, además de las muchachas, también desfilaban chicos. Esto lo hacía divertido, porque actuaban en la pasarela con sus respectivas parejas. Al tiempo que desfilaban, se encontraban, se miraban y... se enamoraban. Ante nuestros ojos deslumbrados desfilaban las modelos en sus trajes impecables, de colores increíbles y todos, de acuerdo a la ocasión para la que fueron diseñados. Los había formales, deportivos y de gala.

     Nosotras, tomábamos nota de los que más nos gustaban, haciendo caso omiso de nuestro escaso presupuesto, porque lo más importantes era hacernos la ilusión de que algún día podríamos adquirir alguno semejante. Nuestros amigos tomaban nota, en cambio de las chicas que más les gustaban o prometían que si nos casábamos con ellos, nos comprarían el traje que más nos gustase.

     En el intermedio se sirvió el te acompañado de torta Sacher ¡Delicia vienesa de chocolate! La señora Vallejo reía y bromeaba con nosotras, mientras merendábamos. Luego, se inició la segunda parte del desfile con nuevos modelos y situaciones, hasta que, al final llegó la boda de una de las chicas y su novio. Ella lucía un precioso traje de seda natural color perla bordado en el talle y una inmensa cascada le caía a la espalda. En las manos llevaba un ramillete de rosas te. Pero el suspiro femenino fue colectivo, cuando vimos al novio de frac, llevando a su novia del brazo. Creo que cada una de nosotras se vio acompañándolo. Atrás, seguía el cortejo de las damas de honor, vestidas en tonos pastel, con sus respectivos caballeros. Todos aplaudimos la imponente entrada nupcial mientras los protagonistas recorrían el salón, en medio de aplausos junto al cortejo y llegaron al final de la pasarela. Allí nos encontrábamos nosotras, junto a la madre de Valeria en su silla de ruedas, cerrando la fila.

     De pronto sucedió algo inesperado: el novio arrancó el ramillete de las manos de la desposada y lo lanzó a la señora Vallejo, quien sorprendida  lo agarró en el aire. Todas reímos divertidas por la ocurrencia del chico, pero ella, a su vez,  nos lo lanzó a nosotras, pensando que él nos lo había regalado a alguna de las muchachas del grupo, pero nuestra duda se disipó cuando el recién casado se inclinó ante ella, desde la pasarela y le dijo sonriendo:

  -No, mi señora, el ramo de flores no es para las chicas sino para usted, solamente para usted. 


   ¡Entonces los aplausos  del público se multiplicaron, y pasados tantos años, aún resuenan en mis oídos!

 


Caracas, 1992. Revisado, setiembre de 2013.
IMAGENES: WEB.

sábado, 14 de septiembre de 2013

HAIKUS DE LA LLUVIA ENFURECIDA

www.leonardomelero.blogspot.com

Imagen de la lluvia del 13.09.13 (WEB).

Lluvia que corres 
furiosa por la ciudad

¿Por qué protestas?

¿Estás cansada
de ver cómo un pueblo
es castigado

sin alimentos
que fortalezcan algo
sus pobres cuerpos?


Son mil penurias
que se encierran entre
grandes tinieblas,




TalCualdigital.com
en la negrura 
triste de nuestra gente
empobrecida.

Tu gran tristeza
llora al ver un pueblo 
tan maltratado;

con las regiones
venezolanas pobres, 
sin   asistencia.


Desde mi estudio.


¿Por eso lloras,
y pregonas tu dolor?
Eres muy noble.


Tus compañeros
enardecidos también
protestan, gritan.

Sus voces alzan,
siguen al relámpago
embravecido,

que ya descarga
furiosa energía,
al regalarnos

en un segundo,
la luz que falta. Falla
porque la quitan



autoridades
incompetentes, nulas
e ignorantes.

Hunden al pueblo
en hoyos infernales
y de miseria.

Por eso lloran
los elementos tristes,
nuestra desgracia.


Caracas, 14 de setiembre de 2013









jueves, 5 de septiembre de 2013

EXTRAÑA VISITA, LUEGO DE UNA BODA EN ISRAEL


       
              Todos los sueños son raros, originales, pero una  mañana tuve un  sueño  corto, muy corto y por demás, muy  curioso: Sonó el timbre de  mi casa, y al abrir la puerta, en el umbral apareció un hombre joven de facciones regulares y rostro alargado. Vestido de negro. Apoyaba su alta figura contra el vano de la puerta. Me miraba y sonreía, y, al hacerlo, me ofrecía un gran ramo de rosas. 

         De pronto,  el timbre del teléfono sonó y me desperté sobresaltada; la visión del hombre del sueño todavía me acompañaba, cuando escuché una voz  varonil con  acento italiano.
      - Por favor  ¿Puedo hablar con María Alejandra Paz?
   - Sí, ella habla ¿Quién es?- Contesté  todavía soñolienta, aclarando la voz.
    - Mi nombre es Enzo Di Giacomo,  pero no me conoces en persona, sino por referencias.
    - Hola, Enzo, me alegra hablar contigo, pero  ¿Cómo que sólo  te conozco por referencias? - Pregunté ,ya  espabilada.
    - Lo que te digo es verdad,  pero permite que te explique, María Alejandra. Tú eres amiga de Eugenia Fuentes, y  hace dos años estuviste en su boda en Israel  ¿No es cierto?
  - Claro que sí, pero aún sigo sin entender. - Le respondí intrigada, mientras recordaba la maravillosa boda de Eugenia, mi amiga ecuatoriana, en Israel. 


       La singular ceremonia se celebró la capilla del Convento de Hortus Conclusus, en el Hebrón, donde  Salomón compuso "El Cantar de los Cantares". 




       La mañana de la boda caía una lluvia pertinaz y Eugenia comenzó a llorar porque vio en aquella manifestación de la Naturaleza un mal presagio justo el día de su matrimonio con Xavier. Pero una monjita la confortó diciéndole que en Israel la lluvia en una boda era sinónimo de prosperidad y de buena fortuna. Estas palabras mágicas de la hermana le devolvieron a Eugenia su felicidad. Se veía hermosa en su  vaporoso traje de novia y sonrió dichosa, cuando el viento le enredó el velo entre las ramas de los árboles, a su entrada a la capilla del Convento de Hortus Conclusus del brazo de su orgulloso padre, para ser entregada en el altar a su impaciente novio. 


"...Christian Arab Village, that includes  the Convent and
 Church of Sisters of Notre Dame du Jardin an the Monastery 
of Hortus Conclusus".









               Algunos soldados israelíes junto a sus tanques custodiaban los alrededores del templo, debido a que la boda se celebraba en territorio palestino y había que resguardar la seguridad del cuerpo diplomático. La novia era hija del Embajador de Ecuador en Israel y gran parte de los asistentes al evento - fuera de los familiares y amigos venidos del exterior- pertenecían al Cuerpo Diplomático en ese país. Todavía recuerdo los momentos de angustia vividos por algunos de los invitados, cuando nos dirigíamos a la capilla del convento, porque un grupo de palestinos  lanzó piedras  al automóvil en el que viajábamos. Pero, gracias a Dios  la situación no fue más allá de esa manifestación de rechazo. 
     
     La  hermosa y singular ceremonia, gracias a Dios, también,  se celebró en paz. Luego brindamos con champaña con los soldados israelíes y volvimos a  la casa de los padres de Eugenia en Herzliya, donde  continuó la celebración por  la felicidad de los novios, con  champaña, música y bailes hasta el anochecer. Antes de regresar a mi país, Xavier y Eugenia me dieron una lista de personas a las que deseaban que  yo saludara en su nombre.


     Enzo continuó recordándome que él formaba parte de la lista de amigos a los que Eugenia y Xavier me habían solicitado llamar al llegar a Caracas. Y yo lo había hecho, sólo que él no la había respondido por encontrarse de viaje. Y le recordó su olvido la agenda de hace dos años que cayó al suelo,  abierta, justo en la página donde aparecía mi nombre, cuando Xavier reorganizaba su oficina.


     - Acostumbro a tachar las llamadas realizadas y observé que no había respondido la que me habías hecho ese día. Disculpa el retraso de  mi respuesta dos años más tarde. Sólo que para resarcir mi error, quisiera conocerte e invitarte a salir, María Alejandra. Por favor, dime cuándo nos podemos ver,  si lo deseas, por supuesto.


      Le contesté, entre risas,  que me encantaba su puntualidad  y que podríamos vernos al día siguiente. Quedó en pasar a recogerme en mi casa, esta vez, con toda puntualidad, a las nueve de la noche.

     
     A l otro día, a la hora acordada, sonó el timbre. Abrí la puerta y  en el umbral apareció un hombre joven, de facciones regulares y rostro alargado. Vestido de negro. Apoyaba su alta figura contra el vano de la puerta. Me miraba y sonreía, y, al hacerlo, me ofrecía un gran ramo de rosas . 


Caracas, 02. 09. 1997 -  Revisado:  agosto, 2022.


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